Mientras Xochicuautla se divide, la autopista destruye la montaña

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ComparteXochicuatla, México; 5 de mayo de 2019. Desde la calle que entra a San Francisco Xochicuautla se ve la franja rasurada de un cerro: es parte del bosque y del circuito de elevaciones conocidas como “Divino Rostro”, área que guarda un significado religioso, social y cultural para los habitantes de esta comunidad, quienes hoy organizaron un […]

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Xochicuatla, México; 5 de mayo de 2019. Desde la calle que entra a San Francisco Xochicuautla se ve la franja rasurada de un cerro: es parte del bosque y del circuito de elevaciones conocidas como “Divino Rostro”, área que guarda un significado religioso, social y cultural para los habitantes de esta comunidad, quienes hoy organizaron un foro informativo denominado “El corazón de la montaña sigue resistiendo”.

 

 

El conflicto de San Francisco Xochicuautla no es nuevo, comenzó en el 2007 cuando los pobladores notaron la presencia de personas que evaluaban la región para determinar la viabilidad de la construcción de la autopista Toluca-Naucalpan; en lo inmediato, este proyecto fue rechazado por los pobladores debido a las implicaciones no sólo religiosas sino de pérdida de sus propiedades y recursos naturales, entonces, la comunidad interpuso amparos para detener la construcción que hasta el momento continúa, aun con órdenes de suspensión.

En los cuatro amparos promovidos se determinó la suspensión definitiva; actualmente, explicó el representante legal de la comunidad, Hugo Carreón, existe uno en conjunto con Huitzizilapan, también afectada por la autopista, uno nuevo, el 1635/2018 y el 1117, que se está peleando en tribunales colegiados debido al proceso de negociación que algunos de los quejosos realizan.

Poco después de la una de la tarde, en el auditorio de la delegación de San Francisco, se realizó el foro en el cual, en otomí y en español, los participantes manifestaron su inconformidad porque "unas cuantas personas dejaron el cerro en manos de una constructora sin tomar en cuenta a la asamblea general".

El voto tuvo la intención de informar que pobladores de la comunidad siguen resistiéndose a la construcción; la aclaración es necesaria porque el 3 de abril de 2019, voceros del Consejo Supremo Indígena de Xochicuautla anunciaron que establecieron acuerdos para dar paso libre a la construcción de la autopista.

 

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Este Consejo, que en el comienzo de la resistencia fue conformado como una representación de la comunidad elegido por usos y costumbres para salvaguardar el territorio, medio ambiente y recursos naturales -luego de años de considerar que el proyecto era un atentado a la identidad y a la integridad de un área natural- llegó a un acuerdo con la constructora Autovan-Teya (filial del Grupo Higa, propiedad de Armando Hinojosa Cantú) y con el gobierno federal.

El acuerdo incluye la aplicación de un proyecto alterno con diez pasos y puentes superiores multiusos que “servirán para mantener el continuo biológico de todas las especies”, además de un paso superior vehicular y la creación de un fideicomiso destinado a la comunidad para obras de infraestructura.

El foro fue organizado por personas de la misma comunidad, quienes desconocen no sólo el acuerdo, sino la representación del actual Consejo, porque consideran que los integrantes de dicho Consejo faltaron al acuerdo de que la asamblea general sería la máxima autoridad en la toma de decisiones, además de que aceptaron un fideicomiso que, según el representante legal de quienes se siguen resistiendo a la construcción de la autopista, es de 150 millones de pesos. 

 

 

El territorio de bosque de San Francisco Xochicuautla en Lerma no es el único que en esta zona ha presentado conflictos, cerca se encuentra Salazar, Santa Cruz Ayotuxco y San Lorenzo Huitzizilapan, comunidades que conforman una porción de tierra con posibilidades de desarrollo urbano y alta plusvalía.

 

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Los habitantes de Xochicuautla que aún se resisten a la autopista libran una batalla no sólo contra la constructora y contra el gobierno que autorizó contratos pese a la suspensión, sino contra el Consejo Supremo Indígena, que estableció acuerdos para dejar pasar la construcción y que ha solicitado la eliminación de la suspensión definitiva de la construcción de la autopista.

Con la comunidad dividida la construcción de este proyecto carretero se realiza con un altísimo costo para el medio ambiente: no existe proyecto ambiental sustentable que mitigue el daño que se observa desde el centro y en la zona de construcción. 

Independientemente de una población dividida por la aceptación o rechazo de la autopista, el pueblo de Xochicuautla resiste con su misma existencia al desplazamiento que, eventualmente, se hará de las personas, quienes una vez más centran su atención en el bosque, al agua y en el territorio sagrado que cada vez es más frecuentemente dinamitado para dar paso a un desarrollo que no los incluye.

 

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