Sicilia y Solalinde en la FIL, la discrepancia como analogía del México actual

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Los luchadores sociales tienen diferentes opiniones respecto al actuar del presidente

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Poco antes de la 19:00 horas afuera del auditorio del Hilton había ya una fila para entrar; ahí -en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara- se hablaría de los nuevos retos de las luchas sociales, en él participarían Norma Romero Vázquez, Javier Sicilia, Alejandro Solalinde y José Raúl Vera López, todos merecedores del galardón Corazón de León, reconocimiento que entrega la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), la cual organizó el evento.

Cuando la mesa comienza, Norma, fundadora del grupo de apoyo a los migrantes “Las patronas” responde a la pregunta ¿qué ha cambiado desde que se le otorgó el galardón?: “no ha cambiado nada, todo se ha endurecido”, responde; la migración no va a parar porque dicen que la corrupción siempre va a existir y van a poder pasar, sólo tienen que pagar más; no se va a terminar porque las condiciones de precariedad los expulsan y porque no han cambiado las políticas migratorias.

“Sabemos cuántos hermanos indígenas de los pueblos aledaños también están emigrando”: Norma Romero.

Norma arranca el primer aplauso espontáneo, cuando dice que está bien que se haya recibido a Evo Morales ¿por qué no se recibe así a los migrantes?.

En su turno, Javier Sicilia es contundente, habla de la Ley de Víctimas como algo que debería dar vergüenza, porque significa que las víctimas habían perdido sus derechos, esa ley, dice, y la constitución de una comisión de los desaparecidos deberían dar vergüenza. Dice también que las víctimas son una deuda de Estado, no de gobierno, y que quien sube al poder hereda la exigencia de hacer justicia. 

“No conozco ejército alguno que respete derechos humanos”: Javier Sicilia.

Lamenta que el presidente Andrés Manuel López Obrador haya firmado un acuerdo para la paz y la justicia que no ha cumplido; también, en franca alusión a la Guardia Nacional menciona que no hay ejército que respete los derechos humanos, las palabras de Sicilia son precisas, incluso cuando Alberto Galarza, de la FEU -el moderador- le agradece la participación dice: “hay que decir la verdad, a quien oculta la verdad hay que acusarlo de alta traición”. Sicilia arranca aplausos espontáneos de una parte del auditorio lleno.

En el ambiente hay una expectativa de respuesta, Alejandro Solalinde, con quien ha tenido conversaciones tirantes recientemente está al extremo de la mesa, el padre, defensor de los derechos humanos y fundador del albergues de migrantes “hermanos en el camino” solo escucha.

El turno de Raúl Vera es para decir que en México hay una “política de maquillaje, en la que se simula mejorar, pero no se está tocando el fondo”; habla de GIEI (Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes por el caso Ayotzinapa) dice que a los muchachos los mataron porque los camiones que se llevaban iban llenos de goma con destino a Chicago, no sólo a las muchachos, dice, dispararon a taxistas, a familias.

“Existe una violencia estructural que consiste en una serie de reformas a la Constitución para facilitarle la entrada al capital internacional..”: Raúl Vera.

Alejandro Solalinde tomó la palabra en un inicial discurso de exigencia de solución al fenómeno migratorio, aclaró “no soy vocero de la presidencia, soy analista”, luego dijo que López Obrador atiende a los pobres, que es un buen hombre, que es importante escuchar para generar las políticas públicas que no existen, que el desastre encontrado es muy grande”, Solalinde habla y los aplausos de parte del auditorio también se generan, aunque no del mismo auditorio que aplaudió a Sicilia.

“Dejémonos de protestas inútiles”: Alejandro Solalinde.

La primera ronda de participaciones termina y una segunda más corta agudiza el conflicto, Galarza cambia la estrategia y ahora hace hablar primero a Solalinde, el tiempo transcurre sin que un evidente conflicto ceda; Solalinde menciona actitudes infantiles, movilizaciones inútiles; Sicilia habla de los desaparecidos y muertos, de que sí saldrá a exigir justicia y paz. Vera y Norma parecen, así parece, más de acuerdo con el poeta.

El mensaje final, a petición de Galarza, es para lo jóvenes: “son la esperanza”, dice Norma; “Son el futuro”, señala Solalinde; son aquellos que no deben permitir que “les roben la esperanza y hacer lío”, menciona Vera; “son los muertos y los desaparecidos, a quienes les robaron el presente”, finaliza Sicilia. 

Una aplauso generalizado que viene de los asistentes al auditorio -muchos menos de los que entraron porque algunos fueron abandonando la sala- la gente se acerca a los ponentes para pedir fotos, darles la mano, a diferencia del recinto ferial en este foro la seguridad es mínima; un hombre llama a Sicilia sobre la mesa, quien sonriente se acerca por encima de ella, el hombre adulto, muy bajo, le dice algo; Sicilia levanta la voz: “…no ofendas”, dice; “aguas con la ceguera ideológica”, grita, mientras evidentemente molesto, se acomoda para tomar, juntos los cinco, una fotografía que inmortalice un evento con Solalinde y Sicilia en cada uno de los extremos, como analogía de un momento que vive el país.