La caída de un monstruo y la incapacidad del Estado

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La detención no puede interpretarse como un triunfo, es apenas parte de la obligación tardía de las autoridades

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Este viernes, Agentes de Investigación de la Fiscalía Especializada de Feminicidios y de la Coordinación General de Investigación y Análisis (CGIA), de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) detuvieron en la Ciudad de México a Óscar García, a quien nombraron “El monstruo de Toluca”.

Óscar García apareció en la escena de Toluca luego de que los cadáveres de tres mujeres fueron hallados en su casa en la colonia Santín. Cuando los noticiarios lo dieron a conocer –de inmediato– la opinión de todos se volcó en las redes, como ya es costumbre, la mira, convenientemente, se puso en él aunque la historia no haya empezado precisamente ese día, sino aquél en que la primera persona fue desaparecida o asesinada sin que la autoridad actuara oportunamente.

El presunto asesino saltó a la fama con presteza, dejando en segundo término el fracaso de la Fiscalía cuando los familiares de su última víctima acudieron a esta institución para rescatar a la mujer; la atención no se puso en los protocolos fallidos ni en la inoperancia del sistema que no pudo llegar a tiempo. 

Los familiares de la mujer asesinada declararon a El País que pasaron cuatro noches afuera de la casa del asesino, incluso lograron verla por la ventana; desde antes habían recurrido a las autoridades para que hicieran algo pero su ineficacia se hizo patente; ella murió y él escapó. 

Para saber más: Detienen al presunto multihomicida de Villas Santín

A principios de diciembre, según también se publicó en los medios, Óscar García seguía administrando algunos perfiles de Facebook, en los que retaba y se burlaba de la Fiscalía por no dar con su paradero, ofreció hacer un mapa. Una vez más la atención se fijó en el personaje más que en la labor infructuosa de las autoridades por detenerlo; los mensajes que el asesino presuntamente dejó a la Fiscalía volvieron a interpretarse como la característica de un cínico, casi con compasión por quienes no podían resolver el caso.

Luego de estos mensajes y del abordaje mediático de un hombre que presuntamente sentía más compasión por sus mascotas –tres perros y un gato– que por las mujeres que presumiblemente habría asesinado siguieron siendo cubierta de un ineficaz sistema de procuración de justicia.

Al final, la edad de Oscar, su edad, su color de piel, su profesión, en este momento, no son, no deberían ser más importantes que el deficiente papel del Estado para evitar que las mujeres, los hombres, las niñas y los niños sigan siendo desaparecidos y asesinados, no debiera ser más importante que la exigencia de que el sistema de Estado funcione de manera adecuada y brinde protección a la población.