1.- La patética historia de Emir Montalvo, tiene diversos pasajes torvos.
Dese el inicio del hoy conocidísimo tema, el gobierno estatal supo que algunos de los agresores eran elementos activos de la Comisión de Seguridad Ciudadana utilizados como guardaespaldas de un particular.
Al menos el titular de la CESC y el de la Secretaría de Gobierno, estaban enterados de eso, y de que el agredido era un policía federal en su día libre.
El nombre de Emir Montalvo, viejo conocido, quedó registrado.
No está claro si le informaron, ni qué, al gobernador.
Como siempre, la estrategia fue ignorar y evadir.
2.- En otro ángulo de la misma trama, está Montalvo, su oscuro y rápido enriquecimiento.
Es espectáculo común verlo circular en Toluca en el Rolls Royce plateado o en un par de Ferraris rojos, siempre rodeado por una decena de custodios.
Diversos incidentes violentos lo involucran, un homicidio a balazos en un hotel de paso, que -de menos- él atestiguó, y zafarranchos similares en antros, restaurantes y vía pública en la capital del estado.
Amasó una fortuna en pocos años y los registros lo ubican como promotor de espectáculos artísticos y boxeadores.
Su riqueza es reciente.
Quizá el principal capital con el que cuenta, es la protección que le brinda alguien con excelentes relaciones en las principales áreas de justicia del Ejecutivo.
3.- Siempre estuvo muy claro que el gobierno federal no estaba dispuesto a confrontarse, ni siquiera incomodar, al Ejército.
En Tlatlaya murieron 22 personas, la versión de un enfrentamiento se derrumbó.
Se demostró manipulación de evidencia, tortura, un fusilamiento de al menos siete personas.
Hoy, todos los involucrados están libres.
Ya sólo falta que salgan con que fue suicidio colectivo.


Síguenos