Han pasado 58 años desde el 2 de octubre de 1968.
Aquella tarde, miles de estudiantes y ciudadanos se concentraron en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, en la Ciudad de México. El movimiento estudiantil llevaba más de dos meses de movilizaciones y sostenía un pliego de seis demandas frente al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
La concentración terminó con una operación en la que participaron fuerzas del Estado. Hubo muertos, heridos y detenidos. El número exacto de víctimas mortales nunca quedó establecido de manera definitiva y las estimaciones históricas difieren.
Cincuenta y seis años después, el 2 de octubre de 2024, el Estado mexicano reconoció formalmente que los actos de violencia gubernamental perpetrados contra integrantes del movimiento estudiantil constituyeron un crimen de lesa humanidad. El acuerdo fue publicado en el Diario Oficial de la Federación y se ofreció una disculpa pública a las víctimas, sus familiares y la sociedad mexicana.
La matanza ocurrió en Tlatelolco.
Pero el movimiento de 1968 no se quedó en la capital del país.

También llegó al Estado de México.
El 68 también se movió en Toluca
Parte de esa historia permanece en los archivos de las instituciones encargadas de vigilar la actividad política durante aquellos años.
Documentos de la entonces Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales registraron lo que ocurría entre estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de México mientras crecía el movimiento en la Ciudad de México.
Uno de esos informes documentó la creación del Comité de Defensa de las Libertades Democráticas, integrado por estudiantes de la UAEM y miembros del grupo cultural El Nigromante, con el propósito de apoyar al movimiento estudiantil de la capital del país. Los jóvenes preparaban propaganda y organizaban actividades para informar a la población de Toluca sobre lo que estaba ocurriendo.
Otro reporte dejó constancia de una mesa redonda realizada en instalaciones de la UAEM en apoyo al movimiento, con participación de profesores de la propia Universidad y de la UNAM.
La movilización también buscaba salir de Toluca.
Los documentos de inteligencia registraron planes para realizar actos de protesta y enviar brigadas a poblaciones cercanas con información sobre el conflicto estudiantil que sacudía a la capital del país.

No todos los estudiantes pensaban igual
Los mismos archivos muestran una comunidad universitaria dividida.
Mientras el Comité de Defensa de las Libertades Democráticas buscaba apoyar las movilizaciones, la Federación Estudiantil Universitaria pretendía crear comités en escuelas y facultades de la UAEM para mantener a la institución al margen del conflicto e impedir la llegada de quienes los documentos oficiales de la época llamaban “agitadores” procedentes del Distrito Federal.
También se preparaban conferencias para explicar a los universitarios mexiquenses lo que estaba ocurriendo.
La discusión nacional había llegado a Toluca.
Y los organismos de inteligencia tomaban nota.
Reuniones, organizaciones, actividades, propaganda y planes de movilización quedaron registrados en informes gubernamentales que hoy permiten reconstruir aquella parte de la historia mexiquense.

¿Qué pedían los estudiantes?
El movimiento tenía seis demandas concretas.
Libertad de los presos políticos; derogación de los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal, relacionados con el delito de disolución social; desaparición del Cuerpo de Granaderos; destitución de mandos señalados por la represión; indemnización a familiares de muertos y heridos, y deslinde de responsabilidades por los actos represivos.
La movilización también reclamaba diálogo público con el gobierno.
El 2 de octubre, alrededor de 10 mil personas se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas. El mitin comenzó aproximadamente a las 17:30 horas y los organizadores habían suspendido una marcha prevista hacia el Casco de Santo Tomás para evitar provocaciones.

La tarde de Tlatelolco
Elementos del Batallón Olimpia se infiltraron entre los asistentes vestidos de civil. Fuerzas militares también se encontraban desplegadas alrededor de la plaza.
La concentración terminó bajo fuego.
Hubo muertos, heridos, detenidos y dirigentes del movimiento capturados. La magnitud exacta de la matanza quedó durante décadas entre versiones oficiales, testimonios de sobrevivientes, investigaciones periodísticas y documentos que fueron apareciendo con el paso de los años.
Diez días después comenzaron los Juegos Olímpicos de México 1968.
Durante décadas, sobrevivientes, familiares, periodistas, académicos y organizaciones mantuvieron viva la reconstrucción de aquella noche y la exigencia de esclarecerla.

De 1968 a nuestros días
México cambió durante las décadas posteriores.
El sistema político dominado por un partido hegemónico dio paso a elecciones competitivas y alternancia; se ampliaron las libertades de expresión, asociación y manifestación, y surgieron instituciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos.
El propio acuerdo presidencial publicado en 2024 reconoce al movimiento estudiantil y popular de 1968 como precursor del proceso de democratización y de la expansión de las libertades democráticas en México.
El mismo documento estableció compromisos de no repetición, preservación de la memoria histórica e impulso a la justicia.
El reconocimiento llegó 56 años después de la matanza.

Toluca también tiene memoria
En el Estado de México quedaron documentos que permiten recuperar una parte menos conocida de aquel año.
Estudiantes de la UAEM se organizaron. Hubo reuniones. Se discutió el movimiento. Se preparó propaganda. Se plantearon protestas y brigadas hacia otras comunidades. Otros universitarios se opusieron a involucrar a la institución.
Y mientras todo eso ocurría, agentes gubernamentales escribían informes sobre ellos.
Los documentos fueron elaborados originalmente para registrar y seguir sus actividades.

Hoy sirven también para conservar sus nombres, sus organizaciones y sus acciones.
A 58 años de distancia, esos expedientes confirman que el movimiento que desembocó en la noche de Tlatelolco también dejó huellas en las aulas y las calles mexiquenses.
Por eso, cuando cada año México vuelve a recordar la Plaza de las Tres Culturas, los estudiantes, las demandas, los detenidos y las víctimas, el Estado de México tiene también una página propia que recuperar.
Una historia escrita en 1968 y preservada, paradójicamente, en los archivos de quienes la vigilaban.
2 de octubre no se olvida.


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