La noche en que todos somos patriotas 

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ComparteY de pronto es domingo, y hay gente, y es de fiesta y fraterna la gente… Rubén Bonifaz Nuño    Toluca, México; 15 de septiembre de 2019. Es domingo 15 de septiembre. La luz de la ciudad grita fuerte, hay familias por todo lados. La conmemoración del comienzo de la guerra de Independencia abarrota de gente la Plaza […]

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Y de pronto es domingo,

y hay gente,

y es de fiesta

y fraterna la gente…

Rubén Bonifaz Nuño 

 

Toluca, México; 15 de septiembre de 2019. Es domingo 15 de septiembre. La luz de la ciudad grita fuerte, hay familias por todo lados. La conmemoración del comienzo de la guerra de Independencia abarrota de gente la Plaza de los Mártires. Esta noche todos somos patriotas. 

Se trata de la primera celebración con el gobierno de la 4T en la Presidencia de la República  con una administración priísta en el Estado de México. Cuatro escenarios cubren la plancha del zócalo toluqueño, música y comida, cohetes y luces pirotécnicas. Faltan poco más de 15 minutos para que den las once de la noche. Alfredo Del Mazo está por llegar. 

Ni la lluvia ni el frío amedrentan el ánimo de quienes asisten a la ceremonia del grito. Y es que para los nacidos en el valle de Toluca este clima no resulta novedoso (aunque sí atípico). 

Lo que sí llama la atención es el dispositivo de seguridad que se desplegó en el corazón de la capital mexiquense: más de dos mil elementos de la policía estatal resguardan a las aproximadamente 20 mil personas que ocupan la Plaza de Los Mártires.

“Ojalá hubieran estado así cuando me bolsearon”, alguien dice entre la multitud. La queja no es en vano: cuando se vive en la entidad con más insidencia criminal del país (930 delitos se comenten al día), la presencia de la policía a veces brinda una sensación de confianza.

A las diez de la noche, la Plaza de Los Mártires ya estaba llena. Bajo el balcón central del Palacio de Gobierno mexiquense, integrantes de la policía estatal forman un cerco: “¿Y por qué lo hicieron? Nos tienen como sardinas”. Los guardias tampoco sabían si Del Mazo llegaría caminando por la calle de Lerdo, o si haría su arribo directamente al recinto del Poder Ejecutivo. 

Más tarde se supo: que quien caminaría en medio de esa valla policial sería el alcalde de Toluca, Juan Rodolfo Sánchez Gómez, pues él trasladó el lábaro patrio del ayuntamiento toluqueño hacia Palacio de Gobierno. Previamente, a las nueve de la noche, quizá unos minutos después, Sánchez Gómez ya había dado su grito correspondiente en la delegación de San Pablo Autopan, al norte del municipio, una de las zonas más asoladas por la incidencia delictiva y la pobreza en esta alcaldía mexiquense. 

“Ay ay ay, canta y no llores…” entona la gente mientras suena una marcha militar anunciando el paso del alcalde toluqueño, quien traslada la bandera desde el edificio del ayuntamiento hasta las manos de Alfredo Del Mazo. En breve serán las once de la noche, hora instaurada por López de Santa Anna en 1845 para dar el grito.

En punto de las 23:00 horas, Alfredo Del Mazo Maza sale al balcón central de Palacio de Gobierno… “¡Viva México, viva México!”, grita el gobernador y abajo, en la Plaza de Los Mártires, sobre la calle Lerdo o en Independencia, los asistentes secundan su grito. Es domingo 15 de septiembre. Esta noche todos somos patriotas. 

Minutos después del grito, desde los costados de La Plaza de Los Mártires se enciende un espectáculo pirotécnico que hace olvidar que, hasta hace poco, la entidad carecía de un protocolo de actuación en caso de contingencias ambientales; las luces también disipan el hecho de que Toluca es la cuarta ciudad más contaminada del país. Dicen que las sustancias tóxicas de los artificios pirotécnicos se usan en pequeñas cantidades, de modo que no resultan tan nocivas; además, los pirotecnistas empiezan a sustituir algunas de esas sustancias por sales de bismuto, menos dañinas para el ambiente. 

Se apagan los artificios pirotécnicos y comienza el espectáculo de Jorge Medina, ex vocalista de La Arrolladora Banda El Limón. 
Antes de él se presentaron Cañaveral y Ana Bárbara. Del Mazo y sus acompañantes se  retiran del balcón  de Palacio de Gobierno. Algunos asistentes también comienzan a partir, los grupos de acarreados también se enfilan hacia sus autobuses estacionados en las calles aledañas a la Plaza de Los Mártires. 

Se dice que dentro de Palacio de Gobierno la cena es austera: cada asistente a la celebración solo tuvo permitido llevar un acompañante; nada más habrá bocadillos y un brindis sencillo, sin baile. Es un rumor. 

Afuera, la oferta de comida no le pedía nada a los banquetes: entre pambazos, barbacoa, obispo, pasteles, hot cakes, esquites y elotes, tacos al pastor, también de chorizo, tlacoyos, enchiladas, chilaquiles y tostadas los mexiquenses no saben por dónde empezar. En términos generales, es buena noche para los vendedores de comida.

Sin embargo, las bolsas tejidas a mano, las tradicionales muñecas “Marías”, los sombreros de palma vendidos por mujeres otomíes afuera del Cosmovitral no corren con la misma suerte. A las 23:37 horas de la noche, doña Margarita solo ha vendido una pieza: “Ya es lo menos, jefa?”.

Poco a poco la Plaza de Los Mártires se despeja. El suelo contiene el rastro del festejo: bigotes postizos, vasos de plástico vacíos, platos de unicel, cornetas, cascarones de huevo, confeti, indicios de espuma. El personal de limpia, que durante la celebración no ha dejado de asear lo que se puede, tendrá que dejar todo impecable para que, dentro de unas horas, se lleve a cabo como si esta noche no hubiera pasado nada.