Se dice que

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Cuando estalló el escándalo y persecución de Emilio Lozoya por corrupto, la primera reacción del gobernador fue quitar a Marco Velasco Monroy de la subsecretaria de Tesorería.

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Prácticamente, todos los que saben coinciden: al gobernador le falta equipo. Entre sus colaboradores hay quienes no alcanzan la nota; no aportan, empequeñecen. Y entre esos – los que no saben, pero creen que sí-, están algunos de los que más influyen en las decisiones. Son los que no entienden que no entienden, que sin el pueblo nadie puede hacer buen gobierno, que esa es la fuente primigenia de legitimidad, quienes mantienen distante de la gente a Alfredo del Mazo con el baladí argumento de que pueden agredirlo. Del Mazo debe conquistar el reconocimiento, respeto y cariño de su pueblo dándole buenos resultados, pretender seguir administrándole el déficit original de legitimidad es suicida. Del Mazo puede ser muy buen gobernador, pero tiene que rodearse de gente más capaz, como lo hizo en su momento su padre, integrando uno de los mejores gabinetes que el gobierno del Estado de México ha tenido en la historia moderna. Algunos se salvan, pero al menos la mitad tendría que irse.

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Cuando estalló el escándalo y persecución de Emilio Lozoya por corrupto, la primera reacción del gobernador fue quitar a Marco Velasco Monroy de la subsecretaria de Tesorería, parecía que así se deslindaba oportunamente de él, pues Velasco Monroy había trabajado con Lozoya en Pemex muy cercanamente. Pero resulta que no, que pudo más el compromiso político con quien se lo recomendó y pidió lo protegiera, como en puerta giratoria mas tardó en salir que en volver a entrar, ahora como secretario Técnico del Consejo Estatal de Población (Coespo), órgano desconcentrado del Poder Ejecutivo, dependiente de la Secretaría General de Gobierno. 

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Ralentizar la economía estatal por la crisis sanitaria del coronavirus causará un daño tremendo que se traducirá en pérdida de empleo, mayor precarización salarial, disminución del poder adquisitivo, endeudamiento. En el Estado de México hay 680 mil unidades económicas, 99% pequeñas y medianas, que están en un riesgo similar al del “error de diciembre de 1994” o al de la crisis global de 2008. Mucha gente puede perder su patrimonio si no hay una buena planeación para el control de daños. Es momento de que el secretario de Desarrollo Económico, Enrique Jacob, saque la cabeza y explique a los mexiquenses cuál es el plan. 

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Es patético el lamentable espectáculo de mercachifles que alcaldes, sin escrúpulos ni ideas, hacen de la contingencia sanitaria para mascullar propaganda política. Ridículos, graban spots con cubrebocas, rodeados de su personal de protección civil, con la impostura de llamar a la gente a la calma. Otros, más limitados todavía, pero ocurrentes, se apresuran a organizar acciones de caridad en lugar de planes de emergencia. La peor epidemia que padecen los mexiquenses, más peligrosa y dañina que el coronavirus, es su clase política.

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Por favor, que alguien saque de la hamaca a la secretaria de Desarrollo Agropecuario, Rocío Díaz Montoya, y le avise que el COVID-19 ha caído a los campesinos en plena temporada de siembra, peor que el chahuiscle. Da la impresión de que no le entiende bien al tema, que su fuerte es la organización de campesinos para votar, no para producir. ¿A poco?    

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