Esta semana saldrán a marchar, una vez más, las mujeres. Sí, este 8 de marzo, cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer, tomarán las calles de nueva cuenta y nos recordarán que siguen sin solución muchos de los problemas más importantes en nuestra sociedad. La violencia contra la mujer será, sin duda, la gran demanda, el gran reclamo.
Todos los registros, oficiales y no oficiales, nos indican que el feminicidio en México no ha disminuido. Desde el sexenio de Felipe Calderón muchas cosas se rompieron en el país y, en el caso del feminicidio, hay un muy evidente y grave incremento exponencial a partir de entonces. Detonados por la fallida y condenable “Guerra con la Delincuencia Organizada”, los asesinatos de mujeres se dispararon y se volvieron más comunes los homicidios con arma de fuego y en espacios públicos. Es verdad, también hay un incremento de los homicidios contra los hombres, pero si en 2006, hubo 1.03 feminicidios por cada 100,000 mujeres en el país ya para 2023 la tasa fue de 1.38 feminicidios por cada 100 mil mujeres: un aumento de 34% en dos décadas.
Personas desaparecidas
El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) en el mismo año 2023 contabilizó 29,668 personas desaparecidas (17,869 hombres y 11,769 mujeres). Si se le compara con el año 2006, pasamos de 612 a casi 30 mil. Es una barbaridad. En el caso de las mujeres no localizadas, el crecimiento ha sido de 4 mil 600% en esos 17 años. Sí, es un muy grave problema en México hoy en día.

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Otras formas de violencia, en espacios como el hogar, el trabajo o la misma vía pública siguen mostrando tendencias al alza y, por ello, digo que el gran reclamo va a ser en ese sentido. Se denunciará la violencia institucional, la discriminación, la privación de derechos, la exclusión, el acoso y el abuso en su contra. Todos esos serán los reclamos y, en todos los caso, hay muchas razones para indignarse y protestar.
Desde luego que muchos se enfocarán en las formas en las que se harán esos reclamos. Habrá gritos, habrá bloqueos, habrá pintas, habrá todo eso y no faltará quien lo magnifique, quien acuse y quien reproche. Seguramente habrá algunos roces con las fuerzas policiales de algunas ciudades y también habrá quienes magnifiquen ello. Se trata, sin embargo, de una fecha en la que salir a las calles es más que un acto de protesta por parte de las mujeres.

El que cientos o miles salgan a las calles y muestren su rabia y hartazgo es un tipo de pedagogía. Es un modo de enseñarnos que la nuestra ya no puede ser la misma sociedad que era hace dos o tres generaciones. La de hoy no puede ser una sociedad donde se haga menos a la mujer, donde se le nieguen capacidades y oportunidades, donde se le cosifique y se le abuse.
8M, a ajustar la balanza
La historia de la relación entre hombres y mujeres tiene la forma de una balanza mal calibrada. Volverla a calibrar significa reconstruir nuestras nociones de los géneros. Tal reconstrucción no puede hacerse repitiendo los mismos moldes de antaño. Por eso la marcha del 8 de marzo es el recordatorio de que tenemos que seguir pensando lo que ha sido y lo que ya no puede ser. Enseguida tienen que venir las acciones que reflejen que hemos caído en cuenta de las cosas que ya no son admisibles, que no se pueden seguir reproduciendo y para lo que hay que generar mecanismos de no repetición.

Volverán a las calles, pedirán que solo ellas estén presentes, que no les arrebaten sus banderas y demandas justas los hombres. Será, como lo ha venido siendo en los últimos años, una macha de las mujeres, para (re)encontrarse en la lucha y para hacerse oír. La estridencia, directamente proporcional a la indignación, no tiene por qué silenciar el planteamiento de fondo que apunta justo a corazón del tejido social.
No hay sociedad viable donde se violenta a sus mujeres, no hay convivencia justa donde se les excluye, no hay justicia donde se les niegan sus derechos, no hay horizonte de futuro donde se les mantiene al margen. Eso nos lo van a recordar (por si hiciera falta) este ocho de marzo.


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