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¿A qué huele Toluca?

Hace aproximadamente 70 años el poeta Enrique Carniado regaló a nuestra ciudad su Canto a Toluca, un célebre poema con un verso todavía más célebre: Toluca, taza de plata con olor a sacristía… En 2014 me pregunto ¿qué queda de la taza plata y el olor a sacristía? ¿A qué huele ahora Toluca?  Es una tristeza que Toluca ahora básicamente huela a humos de muy diversas combustiones.  Humos que vienen de la quema de pastos principalmente en primavera, los cientos de cohetones que todos los días se queman en el municipio, los vehículos de combustión interna que no se afinan, plásticos y muchas otros deshechos que emiten sustancias altamente tóxicas.  El inventario es largo.  Dos botones para muestra.

 

Por tradición conservamos diversas prácticas que son altamente perjudiciales para el ambiente.  Estoy convencida que no es posible mantener una actitud indiferente ante las conductas perniciosas que persisten desde hace décadas.  Quemar los campos ocasiona a la atmósfera un daño suficientemente alto como para dejar de lado esta tradición.  No soy especialista, pero supongo que elaborar composta con los restos de la cosecha anterior daría resultados bastante más sustentables que la quema anual.

 

De gran controversia entre los dueños de automotores, durante un periodo la verificación vehicular permitió disminuir la emisión de gases.  En los últimos años, por lo menos, es evidente la tendencia a no cumplir con esta obligación y, peor aún, no afinarlos para mantener el motor en buenas condiciones de funcionamiento.  Dados los altos índices de corrupción que rodean el programa, en principio uno podría estar de acuerdo en no acudir a verificar su vehículo cada seis meses.  El hecho es que esa decisión no nos exime de la obligación de afinarlos.  Todos los días a todas horas encontramos docenas de vehículos que circulan por el Valle de Toluca emitiendo grandes cantidades de humo.  La ironía más grande, en la mayor parte de esos vehículos viajan niños.

 

En ambos casos las autoridades tienen una fuerte responsabilidad.  No han sido capaces de convencer a los campesinos para que utilicen técnicas modernas y ambientalmente amigables para preparar los campos para la nueva cosecha.  O simplemente no los han buscado para orientarlos al respecto.  En el segundo tema la situación es mucho más grave.  El transporte público es un desastre y los gobiernos responsables desaparecen de la escena cuando se trata de poner un mínimo orden que estimule a muchos a dejar su auto en casa.  Todavía más, cuando se denuncia la corrupción en los centros de verificación la respuesta de la burocracia puede sintetizarse en una brutal indiferencia.  Como en los otros temas que he planteado este también implica una responsabilidad compartida.  Exijamos que los gobiernos asuman su responsabilidad y paguen el costo político del enorme daño que han ocasionado al medio ambiente con su indiferencia al cumplimiento de la ley.  Y seamos capaces de admitir en qué fallamos nosotros y, de una vez por todas, hagamos lo que tengamos que hacer, ahora.

 

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@10aRegiduriaTol