Negligente abandono de la Ciudad Deportiva de Ixtapaluca

La falta de mantenimiento y rumbo ha reducido su uso deportivo en un municipio con alta demanda de espacios públicos.

En la periferia de Ixtapaluca, cerca de San Francisco Acuautla, hay un espacio de 13 hectáreas que fue pensado para el deporte, pero hoy funciona a medias, como si hubiera olvidado su propósito.

La Ciudad Deportiva de Ixtapaluca fue inaugurada en 2021 como uno de los proyectos más ambiciosos del municipio. Canchas, pista, áreas para box, natación y gimnasia prometían convertirse en un punto de encuentro para miles de personas en una de las zonas más densas y desiguales del oriente del Estado de México.

Hoy, la escena es otra.

Usuarios que aún acuden describen canchas deterioradas, zonas con maleza y espacios que han dejado de utilizarse. Donde antes había actividad constante, ahora hay tramos vacíos. El silencio, en un lugar diseñado para el movimiento, empieza a ser parte del paisaje.

“Aquí antes había torneos seguido. Ahora ya casi no se usa”, dice uno de los visitantes.

El deterioro no ocurrió de un día a otro. En obra pública, el abandono suele ser silencioso: empieza con pequeños descuidos, se vuelve constante y termina por cambiar el uso del espacio.

En este caso, no hay evidencia pública reciente de un programa integral de mantenimiento o rehabilitación. La infraestructura sigue ahí, pero pierde funcionalidad.

Y mientras eso ocurre, su uso también cambia.

Habitantes refieren que, entre 2022 y 2025, el espacio ha sido utilizado como punto de concentración para la entrega de despensas, jornadas de programas sociales y atención a beneficiarios. La Ciudad Deportiva no está cerrada, pero ya no opera exclusivamente como un espacio para el deporte.

No es un uso ilegal.
Pero sí es revelador.

Porque desplaza, poco a poco, la función original del lugar.

Ixtapaluca, con más de medio millón de habitantes, forma parte de un corredor urbano marcado por la densidad, el crecimiento acelerado y zonas con rezago social. En ese contexto, los espacios públicos no son accesorios: son infraestructura social.

Cuando dejan de funcionar, el impacto no es menor.

Se reduce el acceso al deporte, se debilitan alternativas de convivencia comunitaria y se diluye una inversión pública que buscaba precisamente lo contrario: activar el territorio.

La responsabilidad del mantenimiento y operación recae en el gobierno municipal, encabezado por el alcalde Felipe Arvizu de la Luz, emanado de Morena. Hasta ahora, no hay información pública sobre un plan específico para recuperar integralmente el complejo.

El contraste existe.

Mientras otras unidades deportivas del municipio han recibido intervenciones y programas de mejoramiento urbano avanzan en distintas zonas, la Ciudad Deportiva permanece en una especie de pausa prolongada: ni abandonada del todo, ni plenamente funcional.

Ese punto intermedio es el que termina por definirla.

Un espacio que sigue en pie, pero que ya no es lo que prometía.

Y en esa distancia —entre el proyecto original y su estado actual— se revela una forma más profunda de deterioro: la de las prioridades.

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