La madrugada del pasado 29 de marzo, elementos de seguridad acudieron al Puente de las Ánimas, en el municipio de Nicolás Romero, para atender el reporte de un accidente vial. Sobre el asfalto de la Vía Corta encontraron una motocicleta siniestrada. Los agentes aseguraron la unidad y la retiraron del lugar para ponerla a disposición del Ministerio Público. Lo que no hicieron fue buscar al conductor.
Diez horas después de que los uniformados abandonaran la escena, fue la propia familia quien, tras iniciar una búsqueda por sus propios medios, localizó el cuerpo sin vida de David Ruiz en el fondo del barranco por donde corre el río.
Policías levantan moto pero no buscan heridos
Entre las 5:30 y las 6:30 de la mañana de aquel domingo, David Ruiz transitaba por un tramo carretero de jurisdicción estatal caracterizado por curvas cerradas y un voladero pronunciado.



Al notar la ausencia de David, su familia comenzó a rastrear su ruta. La información que lograron recabar los llevó primero a la motocicleta, resguardada ya por las autoridades. La policía dictó que, al no encontrar a una persona a simple vista sobre el asfalto, el incidente se reducía a un vehículo abandonado tras un choque. Nadie descendió a la zona del accidente para verificar si había un herido que requiriera asistencia médica.
La postura de la familia Ruiz plantea una interrogante que golpea directamente a las corporaciones de seguridad del Estado de México: si las autoridades hubieran ejecutado un operativo de rastreo básico en los alrededores del siniestro, ¿David habría sobrevivido a las heridas del impacto inicial?
«No apareció»: policías ignoran existencia de una víctima
El hermetismo oficial ha sido llenado por los testimonios de quienes transitaron por el lugar esa madrugada. Los testimonios documentan una escena que desmiente la teoría de un simple derrape y exponen la nula respuesta de las primeras autoridades en atender el caso.
Jazmín García cruzó el Puente de las Ánimas poco después del accidente. «Había una combi orillada y un auto, la combi traía un golpe. Las pertenencias estaban tiradas y los automovilistas que íbamos transitando tuvimos que subir a la cuneta», relata.
La presencia de otros vehículos involucrados es un patrón que se repite entre los testigos. Carlos Solís, otro habitante que tuvo conocimiento de la escena en las primeras horas, aporta una pieza más al rompecabezas: «Vieron una Urvan y un Beetle rojo al lado de la moto».
A pesar de los indicios físicos en la carretera, el aparato estatal no acordonó la zona ni peinó el terreno. Abigail Ángeles se detuvo en el puente y cuestionó directamente a los agentes que levantaban el reporte: «Le pregunté a un policía dónde había quedado (el conductor) y su respuesta solo fue ‘no apareció’. La placa se encontraba aparte, más adelante tirada».
El bloqueo del C5 y el silencio de la Fiscalía
A seis días del hallazgo del cuerpo, el caso opera en la oscuridad judicial. Hasta este 4 de abril de 2026, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) no ha emitido un solo comunicado, no existe una confirmación pública de la causa de muerte avalada por peritajes médicos, ni se han anunciado detenciones por un hecho que apunta a configurarse como homicidio culposo.

Para los Ruiz, la batalla actual es contra la burocracia. El padre de la víctima, Ray Ruiz, ha hecho pública la exigencia de transparencia ante la negativa de las corporaciones para liberar el material gráfico.
«Hago un atento llamado a las autoridades municipales, estatales y federales como un padre desesperado que exige justicia», reclama Ruiz. El objetivo de la familia es acceder a las grabaciones del C4 municipal y del C5 estatal para confirmar la mecánica de los hechos y comprobar si David fue impactado y arrastrado por los vehículos que los testigos ubicaron en la escena.
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