¿En dónde venden resortes para calcetines? La pregunta no es parte de un retórico interrogatorio judicial.
Cursaba yo tercero de primaria y era el portero de la selección escolar de la primaria “Vicente Villada”.
Acá entre nos, era banca, y ahí me la pasé todo el torneo.
Cuando había una jugada en la que nuestro cancerbero ( que luego supe trabajó en El Altiplano, cuidando no se qué túnel) salía lesionado, a mi me entraban una ganas inmensas de hacer pipi, y un par de ocasiones no regresé del baño a ocupar mi posición.
Lo mío no era la portería ni el futbol; lo mío, en todo caso, era traer las calcetas con el resorte pa´ fuera. Antes de cada partido me las volaba de la maleta – apestosísima- de uno de mis tíos, que pasaba sus gloriosos fines de semana rajándose las rodillas en los polvorientos campos de Ciudad Deportiva, en calidad de carrilero estilo trabajador de la Línea 12 del Metro.
La regla de su equipo era utilizar el mismo uniforme (el único) sin lavar, si es que ganaban el partido anterior, en el encuentro próximo inmediato (qué políticamente correcto y sangrón sonó esto). Por ello su maleta era, casi siempre, una mezcla aromática de estirpe variable y origen dudoso.
Yo, de manera discreta, me pepenaba las calcetas que eran más gruesas que una salchicha alemana y me las ponía.
Debes saber, lectora- lector querido, que era un martirio enfundarse el equipo color chocolate, pues las calcetas parecían hechas de lijas que en un par de ocasiones me rajaron buena parte de mi delicada dermis.
Las calcetas me nadaba y nunca se pudieron ajustara la forma de mi pantorrilla, por lo que siempre las traía chorreadas.
El entrenador de la selección, que se creía La Puente pero sin pelona, cada dos minutos me exigían mantenerlas en posición más decorosa. Nunca lo logré.
Salí del equipo por maleta y por mis calcetas.
Siempre me apretó el méndigo zapato- tenis (así decía el comercial) Panam, por los rollos de tela que, en el mejor de los casos, podía llevarlos hasta la ingle.
No, nunca me las puse al revés.
Creo que en un acto medianamente lógico es imposible hacer cualquier actividad con la ropa mal puesta, sin consecuencias. Lo digo por el misterioso y enigmático caso de las calcetas para correr del presidente Peña.
Sé que se trababa, dicen en Los Pinos, de un diseño especial – el de sus calcetas- para corredores, que tiene un parte oscura – como de talón- en el empeine.
Para la próxima, yo le recomiendo a don Enrique que me llame, le consigo las calcetas futboleras de mi tío y nos quitamos de problemas.
En su marcas, listos?…
Nos encontramos en @gfloresa7


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