Afonía del Cicerone

Soy completamente lampiño. Esta condición de xoloitzcuintle mexiquense se convirtió en un martirio durante los años de pubertad, cuando todos mis infames compañeros comenzaron a experimentar la transformación de niños a hombres lobos. Luego, ya superado mi trauma de escaso pelaje, comencé a agradecer el hecho de que unas cuantas barbas aparecieran, y me evitaran un – dicen- martirio generalizado de gastos por hojas de afeitar, rastrillos o, en casos extremos, cuchillos fileteros o de taquero al pastor. Amén de la irritación facial que en algunos casos llegaba hasta el más recóndito espacio del físico masculino. Todo iba muy bien
diciembre 6, 2015

Soy completamente lampiño.

Esta condición de xoloitzcuintle mexiquense se convirtió en un martirio durante los años de pubertad, cuando todos mis infames compañeros comenzaron a experimentar la transformación de niños a hombres lobos.

Luego, ya superado mi trauma de escaso pelaje, comencé a agradecer el hecho de que unas cuantas barbas aparecieran, y me evitaran un – dicen- martirio generalizado de gastos por hojas de afeitar, rastrillos o, en casos extremos, cuchillos fileteros o de taquero al pastor. Amén de la irritación facial que en algunos casos llegaba hasta el más recóndito espacio del físico masculino.

Todo iba muy bien hasta que, la moda, puso sobre los hombres, hace unos meses,  la orden de dejarse la barba tipo Bin Laden, y de hacer con ella nubes terciopelo.

Tómala barbón, fue mi primer pensamiento.

Una historia de Laphan´s Quarterly, que cayó en mis manos, relata que dos hombres barbones corrieron hacia un sacerdote para pedirle consejo, luego de que un edicto del Emperador, les obligaba a cortarse la barba. Ellos se negaban a hacerlo y preferían que les fuera cortada la cabeza antes que el mostacho y compañía.

El sacerdote (primo lejano de Norberto Rivera), les aconsejo hacerlo pues la barba, seguramente volvería a crecer y la cabeza tendrían profundas dificultades físicas para imitar el peludo milagro.

Muchos de los hombres obedecieron el edicto y se quedaron pelones de los labios para abajo y completamente destruidos pues decía, al obedecer el edicto, había desobedecido su creencia , y con sus barbas habían perdido la imagen y semejanza de Dios.

Los experros lanudos, creían al pie de la letra el mandato de parecerse a Dios, y creían que la orden se refería a su apariencia, cuando la sugerencia atañe al interior: comportamiento, compasión, etcétera, que debía parecerse al de Dios.

Hoy regresaron a escena los Barrabás modernos. Ahí andan por la vida sufriendo en comprar tratamientos capilares que les haga ver su pelaje sedoso, suave, perfumado e impoluto.

La moda lo mismo la han adquirido empresarios, deportistas, artistas y, estoy segurísimo, una tía mía que creo inició el movimiento dejándose el bigote sin recorte.

Por eso me he puesto a buscar barbas de esas que venden el 20 de noviembre par caracterizarse de revolucionario ¿institucional? – es semántica o es principio, pero qué incongruente se escucha-.

No las he encontrado. Si usted sabe de alguna le ruego, en nombre de la moda y mis antepasados lampiños, me la haga llegar. Le aseguro que la regreso sin mancha.

De Xolo quiero pasara a perro lanudo.

Help.

Nos encontramos, barbados como los gachupines, pero eso sí, bien bañados, en:

@gfloresa7.

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Síguenos