Agresividad manifiesta

Los alumnos se amontonaron afuera, a un lado del zaguán de la escuela secundaria, era la hora de salida del turno vespertino, conforme transcurrían los minutos, llegaban más estudiantes, hombres y mujeres,  de repente formaron un círculo, se veían inquietos.   En el centro quedaron dos alumnas, vestían el uniforme de la escuela, eran de tercer grado según comentaron, se miraron fijamente, con coraje reflejado en sus rostros: “a ver, ¿por qué me dijiste zorra cabrona?”, dijo una, a lo que le contestaron, “eso eres, date cuenta pinche puta”, simultáneamente una se arremangaba el suéter y la otra se lo
abril 14, 2014

Los alumnos se amontonaron afuera, a un lado del zaguán de la escuela secundaria, era la hora de salida del turno vespertino, conforme transcurrían los minutos, llegaban más estudiantes, hombres y mujeres,  de repente formaron un círculo, se veían inquietos.

 

En el centro quedaron dos alumnas, vestían el uniforme de la escuela, eran de tercer grado según comentaron, se miraron fijamente, con coraje reflejado en sus rostros: “a ver, ¿por qué me dijiste zorra cabrona?”, dijo una, a lo que le contestaron, “eso eres, date cuenta pinche puta”, simultáneamente una se arremangaba el suéter y la otra se lo quitaba.

 

Ya no hubo más palabras, se abalanzaron una contra la otra, jalándose los cabellos, aventándose golpes a la cara, se desgreñaron, la más pequeña logró conectar un derechazo en la nariz de su contrincante, quien empezó a sangrar.

 

Los espectadores, enardecidos gritaban: “rómpele la madre”, “no te dejes”, “quítale lo zorra”, entre otros, más de uno grababa la pelea en su celular, nadie intentaba separarlas, las azuzaban a golpearse más.

 

Surgido de la nada, una señora robusta, se interpuso entre las dos, con sus brazos intento abrazar a la más golpeada, jalándola a la orilla de la banqueta, porque en ese momento estaban ya en medio de la carretera, un grito de la multitud sonó “viene la sub, viene la sub”.

 

Así terminó la pelea, las seguidoras de ambas, en espacios opuestos se acercaron a ellas para lacear el cabello, acomodar la ropa y entregar las mochilas resguardadas durante el intercambio de golpes y de repente, como por arte de magia los alumnos desaparecieron, las rivales también.

 

La reforma educativa, no incluyó ningún artículo que combata al respecto, queda para la creatividad secuestrada del maestro,  la implementación de estrategias que inhiban la agresividad manifiesta de dos niñas, que rompen cualquier posición de romanticismo pedagógico, colocando en tela de juicio la función educadora de la escuela pública.

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