Muchos de los alcaldes, particularmente de municipios del sur del Estado de México, llegaron al cargo bajo patrocinio del crimen organizado. Amanalco es solo uno de esos casos. La cantidad de ayuntamientos que desvían recursos públicos para pagar extorsiones a jefes de la mafia, en especial de “La Familia”, es asombrosa. No es nuevo, empezó con Enrique Peña, creció con Eruviel y se consolidó con Del Mazo. A pesar de que se sabía, nunca se actuó, por el contrario, se toleró.
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Está muy bien que se detenga y encarcele a todos los alcaldes, jefes de policía y demás funcionarios al servicio del crimen organizado, pero eso no va a terminar hasta que no se atrape a las cabezas visibles. José Alfredo Hurtado Olascoaga, “El Fresa”, es quien encabeza a “La Familia” en el Estado de México. Su ficha de búsqueda y captura fue emitida desde hace más de 10 años, pero solo se ha simulado su persecución. En abril pasado fue fotografiado sentado en primera fila en un palenque en Tejupilco.
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Sobre este líder de la organización criminal más temible que controla amplios territorios de la región de Tierra Caliente que corresponden al Estado de México se sabe mucho, pero se habla poco y en voz bajita. Conocido es su gusto por los relojes caros, la ropa de marca y el golf. Se ha vuelto común verlo practicando en los campos de Cantalagua, Gran Reserva, Los Encinos y hasta en San Carlos. Algunas veces acompañado de personajes de la política local.
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¡Vaya, vaya, vaya! Menudo problema que ha recibido de entrada Óscar Flores en la Secretaría de Finanzas. La cifra de pasivos y asignaciones pendientes es gigante y quedan pocos días del año para resolverlo. Son alrededor de 22 mil millones de pesos que la infanta Moreno escondió maliciosamente por aquí y por allá para dar la impresión de que tenía todo muy bien y sin deuda.
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La elección de la nueva dirigencia de Morena en el Estado de México confirmó lo que todo mundo sabía, pero no se podía probar, que la gobernadora Delfina Gómez y senador Higinio Martínez no son lo mismo ni están del mismo lado. El delfinismo y “Mexiquenses de Corazón”, quedó claro, son adversarios políticos. Delfina ha ganado, al menos hasta ahora, todas las batallas: primero, la candidatura a la gubernatura; después, el control del Poder Legislativo local y, ahora, la dirigencia estatal de Morena.
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