Altares de luz y cempasúchil, un llamado a las almas que regresan

La vida y la muerte son partes de un ciclo que se refleja en la naturaleza y sus ritmos
octubre 29, 2024

Veladoras, flores de cempasúchil, alimentos, bebidas y otros artículos, forman parte de los altares que se colocan en el Estado de México (Edomex) para honrar y recordar a los que ya no están. La creencia en el Día de Muertos es que el alma de las personas que fallecieron regresa para disfrutar de todo aquello que en vida le gustaba.

En Palacio de Gobierno, Toluca, el gobierno del Edomex exhibe una ofrenda monumental que estará abierta hasta el cuatro de noviembre. Este año, se rinde homenaje a las tradiciones prehispánicas mexicanas en torno al culto a la muerte.

Como símbolo principal, se ha colocado un imponente «Tzompantli», una estructura ceremonial utilizada por los antiguos mexicas para honrar a los dioses. Este altar, conformado tradicionalmente por cráneos humanos, evoca el respeto ancestral hacia las deidades y es un elemento característico de las ofrendas de Día de Muertos.

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En la preparatoria No. 5 de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex) también se presenta una ofrenda.

Niveles de los altares para el Día de Muertos en Edomex

De acuerdo con la secretaría de Cultura del Edomex los altares tradicionalmente tienen distintos niveles, que varían según las costumbres familiares.

Generalmente van de dos a siete niveles. Los altares de dos niveles, los más frecuentes en la actualidad, simbolizan la separación entre el cielo y la tierra; los de tres niveles representan el cielo, la tierra y el inframundo, aunque también pueden interpretarse como los elementos de la Santísima Trinidad.

Estos altares incluyen alimentos, velas, copal, bebidas, flores, fotos, música y pertenencias del fallecido.

Grupos originarios del Edomex y  sus altares para el Día de Muertos

La cosmovisión de los pueblos originarios del Estado de México es una forma de entender e interpretar el mundo, donde cada elemento natural, ser vivo y fenómeno tiene un propósito y un sentido sagrado.

Para estas comunidades, la vida y la muerte son partes de un ciclo que se refleja en la naturaleza y sus ritmos. Así, el sol, el agua, los cerros y el maíz no solo representan recursos, sino que son vistos como fuerzas espirituales a las que se honra y respeta.

Esta concepción del mundo se traduce en rituales y tradiciones, como las ofrendas de Día de Muertos, donde rinden homenaje a sus antepasados y refuerzan sus valores de respeto y conexión con la naturaleza.

Los altares suelen incluir elementos simbólicos, como flores de cempasúchil, veladoras y alimentos tradicionales, organizados en varios niveles que representan el inframundo, la tierra y el cielo. Para los pueblos originarios, estos actos no son solo muestras de respeto hacia sus muertos, sino una reafirmación de su visión del mundo y del equilibrio entre el ser humano y la naturaleza.

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Elementos esenciales de una ofrenda o altar de Día de Muertos

Sal: El secreto para preservar la pureza de los espíritus en su viaje al más allá. Un toque de protección para nuestros seres queridos que cruzan el umbral entre los mundos.

Agua: Un tributo para calmar la sed de las almas que viajan largas distancias para visitarnos. Un gesto de hospitalidad que trasciende la barrera entre lo terrenal y lo divino.

Velas: Un faro en la oscuridad que guía a nuestros antepasados hacia su antiguo hogar. Una luz que trae consuelo y guía en su travesía espiritual.

Calaveritas de azúcar o chocolate: Dulces recordatorios de nuestras tradiciones prehispánicas, que encarnan el eterno misterio de la muerte. Un dulce tributo a la fugacidad de la vida.

Copal o incienso: El aroma sagrado que purifica el ambiente, alejando a los espíritus indeseados y abriendo las puertas para que las almas queridas regresen a casa.

Flores: Un festival de aromas y colores que acoge amorosamente a los visitantes del más allá. El vibrante amarillo del cempasúchil ilumina su camino hacia nosotros, guiándolos desde la calle hasta el altar de la ofrenda.

Pan de muerto: Un regalo de amor y cariño para aquellos que ya no están físicamente con nosotros, simbolizando la dulce esencia de la vida y la comunión en la memoria.

Papel picado: Un baile ligero en el aire que simboliza la danza de los espíritus en su regreso. Un espectáculo alegre que añade vida y movimiento al santuario de la ofrenda.

Comida: Un festín preparado con los manjares favoritos de nuestros seres queridos fallecidos, un tributo a sus gustos y preferencias culinarias que los conecta con el mundo terrenal que una vez disfrutaron.

Fotografías: Imágenes sagradas que rinden homenaje a los antepasados que tanto amamos y extrañamos, manteniendo su presencia viva en nuestros corazones y recuerdos.

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