Son cada vez más incomprensibles algunas actuaciones y declaraciones de muchos actores de la escuela pública, dignos de ser tomados en cuenta para un análisis contextual por su propio significado.
En primer término se encuentran las declaraciones del Secretario del ramo educativo estatal, quien señaló el miércoles de la semana pasada como responsables del acoso escolar a los medios de comunicación y a los padres de familia, sobre los primeros sentenció que en las noticias que se difunden, los que más predominan son las que se refieren a la violencia, presentes en la televisión, redes sociales, entre otros, lo que impacta en los jóvenes y los niños, concretó.
Incluso manifestó la existencia de una “apología de la violencia en los medios de comunicación”, de donde supone que su constante presentación pública, va generando en los alumnos patrones conductuales, que pretenden más tarde reproducir en las escuelas, en perjuicio de sus compañeros más vulnerables, por lo que hace la invitación a los medios no hacer más apologías al respecto.
La escuela, indica, es el reflejo de lo que sucede en la sociedad, aseveración por demás desafortunada, suponiendo sin conceder que así fuera, sería aceptar de manera llana que en nuestro Estado no se cumple con el segundo y tercer ordinal del artículo tercero constitucional que obliga a:
La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.
Con la reforma aprobada, agrega que el Estado garantizará la calidad en la educación obligatoria de manera que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos.
Sin ir a fondo, es claro que las declaraciones emitidas, contravienen el mandato constitucional y una vez más se coloca en tela de juicio a las escuelas y al profesorado que en ellas laboramos.


Síguenos