Cuando cinco entrevistas pretenden medir a un municipio
En el Estado de México se está normalizando algo peligroso: rankings de aprobación municipal construidos con una fragilidad metodológica que no resiste el mínimo escrutinio técnico, pero que circulan como si fueran termómetros científicos del ánimo ciudadano.
El ranking difundido por Gobernarte el 27 de febrero reporta una muestra total de 585 cuestionarios para evaluar a 125 alcaldes .
Eso equivale a un promedio de cinco encuestas por municipio
Cinco.
No cinco por colonia.
No cinco por sección electoral.
Cinco personas para estimar la aprobación de un gobierno municipal completo.
La grieta metodológica
El documento declara un margen de error de 2.5% a 3% con 95% de confianza.
Ese margen solo puede sostenerse sobre la muestra total de 585 entrevistas.
No aplica cuando se divide la muestra en 125 fragmentos microscópicos.
Cuando una “muestra municipal” se reduce a cinco casos, el error estadístico se vuelve incontrolable. No es una opinión editorial. Es estadística básica.

Con cinco observaciones no se puede estimar comportamiento poblacional.
Se obtiene una anécdota.
Y una anécdota no es demoscopía.
La ilusión del decimal
El ranking presenta cifras con un decimal: 66.5%, 54.7%, 50.1%.
El decimal transmite precisión.
La muestra no.
En municipios con cientos de miles o millones de habitantes, cinco entrevistas no representan ni una colonia mediana. Sin embargo, el diseño gráfico y la segmentación por género y partido construyen una narrativa de competencia y legitimidad.
La forma parece técnica.
El fondo es frágil.

El modelo de levantamiento
La encuesta se aplicó mediante una app denominada “Odiseo” con sistema digital de estratificación
No se detalla públicamente:
– distribución exacta por municipio
– marco muestral completo
– tasa de cobertura territorial
– ponderación efectiva por tamaño poblacional
Cuando la metodología no transparenta su arquitectura completa, el estudio deja de ser verificable.
Y la verificabilidad es el corazón de la ciencia social.
Juez y parte
El documento señala que la encuesta fue “ordenada, elaborada y pagada por Gobernarte S.C.”
Es decir, la misma entidad produce, financia y difunde el ranking.
No hay universidad asociada.
No hay auditoría externa.
No hay comité metodológico independiente visible.

Eso no invalida automáticamente el ejercicio, pero sí obliga a un escrutinio mayor cuando el resultado se convierte en herramienta política.
El juego simbólico
En política municipal, aparecer arriba en un ranking es capital.
Sirve para negociar candidaturas.
Sirve para presionar partidos.
Sirve para construir narrativa de liderazgo.
Cuando la base técnica es débil y el impacto político es alto, el incentivo para la manipulación narrativa crece.
No necesariamente en el dato.
Sí en el uso del dato.
El punto de quiebre
No se trata de censurar encuestas.
Se trata de exigir estándares mínimos.
Si se quiere medir aprobación municipal con rigor, cada municipio requiere una muestra independiente, proporcional a su población, con diseño probabilístico claro.
Lo demás es marketing político.
Y cuando el marketing se disfraza de ciencia, la opinión pública es la que pierde.

En un estado con 17 millones de habitantes, cinco entrevistas por municipio no son una medición.
Son una puesta en escena.
Es momento de poner un alto a la trivialización metodológica.
Porque la estadística no es decoración gráfica.
Es responsabilidad pública.


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