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Arman policía comunitaria en Xonacatlán

Una cuadrilla de 20 hombres armados con machetes, antiguas escopetas heredadas por sus abuelos y  pistolas nueve milímetros recorren barrios del municipio de Xonacatlán dispuestos a disparar. El miedo de perder a un ser querido los obliga a organizarse en una policía comunitaria y enfrentar criminales ante la indiferencia del gobierno municipal por atender sus demandas de protección.

A las 10 de la noche padres de familia, tíos, amigos y conocidos se unen a los recorridos que duran entre seis y ocho horas diarias. Así es desde hace seis meses, cuando a plena luz del día un joven de 18 años fue ultimado en su negocio de venta de ropa en la cabecera municipal. Los civiles advierten que la actitud del gobierno,encabezado por el Partido del Trabajo, propició la creación del grupo debido a la incapacidad de los policías municipales, quienes siempre llegan una hora después de ocurrido el delito.

“Los policías también se quejan, se justifican diciendo que los criminales están mejor armados”, revelan los comunitarios.

La inseguridad en Xonacatlán tiene números: al menos un robo trágico a la semana, ejecutados abandonados en las calles y asaltos a camionetas de reparto y abastecedores de gas. Hace dos meses se reportó un asalto que cimbró a la comunidad. Un distribuidor de gas en ruta de trabajo se detuvo en una tienda para comprar algunas cosas. Al bajar, dejó las llaves dentro del vehículo y a su pequeño hijo. Un hombre aprovechó esos minutos y robó la unidad. En el transcurso del camino mató al menor y tiró el cadáver por los rumbos de La Marquesa.

Este crimen fue clave para que los vecinos de Xonacatlán comenzaran a patrullar los barrios de Tres Parajes, La Barranca, La Herradura, Piedra Larga, Los Laureles, La 38 y La Primavera. Los guardianes comunitarios aseguran que desde la creación del grupo, el cual llega a 60 miembros, la incidencia delictiva disminuyó. “Seguramente porque entre vecinos hay más confianza que en las autoridades municipales y estatales. Nos conocemos, no hay necesidad de andar encapuchados, nos saludamos por las noches, tenemos hasta un directorio y también hay comunicación a través de mensajes de texto, llamadas telefónicas y señales con lámparas o un silbato”.

La estrategia que siguen es sencilla y eficaz: están dispuestos a disparar y eso lo han hecho público. "Ya no más. Aquí, si vemos a alguien entrando a una casa, le disparamos. Así de simple”, dicen. También implementan retenes y algunas tácticas policiacas que aprendieron con el tiempo.

A pesar de todo, se tapan los rostros por “miedo”, apuntan ellos mismos. “¿A quién? A las autoridades, al presidente municipal, Joaquín Arturo Ruiz Gutiérrez”, quien en dos años no ha tenido acercamiento con las comunidades, pese a las manifestaciones realizadas ante los hechos violentos como la muerte del joven comerciante y los frecuentes robos.

Los vigilantes reconocen que el crimen organizado, como La Familia Michoacana o Los Caballeros Templarios, ofrecieron ayuda para mejorar su armamento y financiar el movimiento, sin embargo los rechazaron. Los comunitarios están conscientes de que las células criminales operan en el municipio y saben de su peligrosidad perpo prefieren mantenerse al margen a pesar de que delitos como la extorsión, es uno de los que más afecta al municipio.  "De esos que sí se ocupe la autoridad, esa no es nuestra guerra”.

Los vecinos entregaron múltiples pliegos petitorios a la autoridad municipal y en ellos incluyen desde solicitudes para patrullas hasta la mejora del alumbrado público. El deterioro del pueblo es notorio y los servicios públicos básicos como la recolección de basura apenas operan.

El municipio de Xonacatlán está situado a 40 minutos de Toluca, capital del Estado de México, y tiene una población de 46 mil 398 habitantes. Los comunitarios piden ayuda para acabar con la delincuencia común. No están dispuestos a dejar las armas en tanto sus demandas no sean resueltas, por el contrario, planean extender su movimiento a otros barrios donde el crimen también está en incremento. Ya iniciaron una primera fase que consiste en colgar mantas en las calles donde se advierte que de atrapar a un ladrón será linchado.

“Hoy traemos máscaras porque tememos represión por parte de la autoridad, que muestra falta de operatividad, ya que si llegan a atrapar a algún delincuente lo sueltan de inmediato. El miedo es porque estamos haciendo su trabajo, los vecinos nos tienen más confianza, hacemos el trabajo de la policía y estamos dando resultados”, concluyen.