Armas de reconstrucción masiva

No pasa un día que no piense en todo lo que está mal en el mundo. Confieso que me cuesta trabajo discernir entre lo que realmente está mal, lo que es manipulación mediática, teorías de conspiración y demás hechos de la vida que se presentan como adversidad. Las redes sociales y los medios son un mar de lamentos que nos satura la cabeza de estrés y angustia. Que si los videos del mar lleno de plástico, niños enjaulados llorando por su padres en la frontera, la división social por las elecciones, privatización y explotación de paraísos terrenales. Todo esto abruma
junio 21, 2018

No pasa un día que no piense en todo lo que está mal en el mundo. Confieso que me cuesta trabajo discernir entre lo que realmente está mal, lo que es manipulación mediática, teorías de conspiración y demás hechos de la vida que se presentan como adversidad.

Las redes sociales y los medios son un mar de lamentos que nos satura la cabeza de estrés y angustia. Que si los videos del mar lleno de plástico, niños enjaulados llorando por su padres en la frontera, la división social por las elecciones, privatización y explotación de paraísos terrenales. Todo esto abruma porque es algo que como individuos nos rebasa y nuestro margen de acción para contrarrestar estos hecho es casi nula. Y digo “casi” porque dentro de este sombrío panorama, tenemos un margen de acción, reducido, sí; pero en colectividad podría marcar la diferencia.

Es fácil caer en la tentación de responder con violencia a la violencia, de contrarrestar la ira con más ira; es casi instintivo intentar apagar el fuego con más fuego. El problema es que el daño colateral siempre termina por lastimarnos más.

Quiero retarte a realizar pequeños actos de amor en tu realidad inmediata. El objetivo es llevar a cabo acciones que nazcan de la bondad, de la buena voluntad. Si es a personas que piensan diferente a ti, aquellos que podrían considerarse tus rivales, mejor aún. ¿Eres de Morena y detestas al PRI? pues a esas personas es a las que debes ayudar. ¿Alguien te ofendió? responde con un elogio, un gesto amable, no importa qué sea, pero debe ser genuino. Mejor aún si tus acciones nacen por iniciativa propia.

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por alguien sin esperar nada a cambio? Vivimos enfrascados en una lucha constante por satisfacer nuestros propios deseos que rara vez nos detenemos a tender la mano a quien está debajo de nosotros. Esa para mi es la espiritualidad práctica, la que no radica en un discurso sino en las acciones. Esas que siempre, siempre, van a tener más peso que las palabras.

No quiero insinuar que es fácil; por el contrario, quizá es uno de los actos más difíciles que podamos llevar a cabo en nuestra existencia, pero se me ocurre como uno de los antídotos más efectivos ante un panorama que parece desolador. Una auténtica arma de reconstrucción masiva.

La empatía es una virtud que necesitamos avivar en estos tiempos y mantenerla viva siempre. Me escucho y temo caer en una ilusión vaga y utópica, pero es justo eso lo que nos hace falta, soñar realidades y comenzar a transitarlas. “Imaginémonos cosas chingonas, carajo”, dijo el Chicharito y es una de las mejores lecciones que me ha dejado los medios en los días recientes.

Comienza con una pequeña acción anónima que beneficie a alguien que no conoces. Después hazlo con los tuyo. Con suerte motivarás a alguien hacer lo mismo y así generar una cadena que ocasione un cambio sustancial en nuestra realidad. Pero cuidado, el sentimiento de plenitud y satisfacción es adictivo. Puedes caer en el peligro de convertirte en una mejor persona. 😉

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