Delitos considerados de alto impacto disminuyeron en el Estado de México entre enero y junio de 2025 en comparación con el mismo periodo de 2024, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Entre ellos, destaca una baja sostenida en homicidios dolosos, cuya cifra total (742) representa el nivel más bajo para un semestre en los últimos nueve años.
Sin embargo, otras cifras alertan sobre una transformación más compleja del fenómeno delictivo en la entidad. Mientras algunos índices bajan, otros como el despojo y el narcomenudeo presentan un incremento significativo. ¿Qué tipo de seguridad se está construyendo en el Edomex bajo el gobierno de Delfina Gómez Álvarez? ¿Y qué nos dicen estas cifras sobre la reconfiguración del crimen?
La caída de los homicidios: cifras inéditas y acción estatal
En 2024, el Estado de México acumuló 1,062 homicidios dolosos en el primer semestre del año. En 2025, la cifra bajó a 742. Esta disminución ha sido presentada como un logro institucional por parte del gobierno mexiquense, encabezado por la gobernadora, Delfina Gómez.
Según la narrativa oficial, estos resultados son producto de una estrategia de coordinación entre los tres órdenes de gobierno y de acciones específicas como:
- Las Mesas de Coordinación para la Construcción de la Paz, donde participa directamente la gobernadora;
- El despliegue del Mando Unificado, con tres mil elementos en 187 colonias prioritarias;
- Y una serie de operativos especializados como Enjambre (contra la corrupción), Bastión (contra inmuebles criminales), Atarraya (contra comercios ilícitos) y Restitución (contra el despojo).
Recientemente en Conversatorio AD, el secretario de Gobierno, Horacio Duarte, subrayó que “la seguridad es una prioridad de la gobernadora”, quien —dijo— asiste casi todos los días a las mesas de coordinación.
El despojo y el narcomenudeo: zonas grises del nuevo escenario
Mientras el homicidio doloso baja, otros delitos no solo se mantienen, sino que aumentan de manera preocupante. El despojo, por ejemplo, pasó de 2,422 denuncias en 2024 a 2,700 en 2025, lo que representa un incremento de más del 11%. Se trata de un delito que suele implicar disputas por la posesión de bienes inmuebles, frecuentemente vinculado a redes de poder político y corrupción local.
Pero el caso más llamativo es el del narcomenudeo, que tuvo un crecimiento del 47% en el mismo periodo: de 1,257 casos a 1,846.


Narcomenudeo: el crimen que conecta todo lo demás
En una entrevista realizada a finales del año pasado, la doctora Martha Nateras González, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas de la UAEMéx, explicó que el narcotráfico no debe entenderse como un delito aislado; ya que guarda vínculos con otros como homicidios, extorsiones, desapariciones y trata de personas.
¿Reducción del delito o mutación del crimen?
El aumento del narcomenudeo, en particular, plantea preguntas de fondo sobre los territorios donde el estado tiene presencia policial, pero carece de alternativas sociales, educativas o económicas.
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¿Qué tipo de seguridad se está construyendo?
Los datos del Secretariado Ejecutivo permiten hablar de avances puntuales y de una acción gubernamental más decidida, pero también de nuevos desafíos que no pueden abordarse solo con operativos y vigilancia. En especial, el incremento del narcomenudeo y del despojo sugiere una forma de violencia más soterrada, menos visible, pero igualmente dañina.
Más que la celebración de cifras a la baja, el momento exige una mirada crítica y estructural: ¿cuáles son los delitos que se combaten y cuáles los que se permiten o desplazan? ¿Qué pasa en los territorios donde la violencia cambia de rostro?


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