La periferia del Estado de México se ha caracterizado durante décadas por la existencia de municipios “dormitorio”. Uno de ellos es Nicolás Romero, ubicado en el noroeste de la entidad, donde las dinámicas cotidianas suelen limitarse a salir de madrugada a trabajar o estudiar y regresar por la noche solo para dormir antes de repetir la rutina al día siguiente.
En ese contexto, las brechas de género suelen agudizarse. Sin embargo, en medio de esa cotidianidad también se tejen redes de mujeres que se apoyan entre sí y encuentran en el arte una forma de enfrentar entornos machistas y las limitaciones económicas propias de municipios alejados de los grandes centros urbanos.
Una de ellas es Dani Herrera, diseñadora y artista originaria del municipio, quien a sus 25 años resiste y crea desde Nicolás Romero entre hilos, agujas y fotografías de bandas y artistas que comienzan a abrirse camino en la escena cultural.



En un entorno que describe como profundamente conservador y religioso, Herrera ha impulsado círculos de encuentro para que mujeres del Estado de México y de otras partes del país conecten a través del arte y la creatividad, mientras dialogan sobre las violencias machistas que aún enfrentan en su vida cotidiana.
Históricamente, el bordado fue impuesto a las mujeres como una labor doméstica asociada a lo femenino. Hoy, Herrera busca resignificar esa práctica.
“La idea es quitar el estigma y vernos a todos como creadores. No tiene que ver con el género. Que cualquiera pueda ser creativo y que no por tomar un hilo te conviertas en alguien débil”
El rostro del feminismo en la periferia
A diferencia de la Ciudad de México —donde abundan los espacios culturales, talleres y bazares—, la infraestructura para la creación artística en muchos municipios mexiquenses es limitada.
“La gente nada más está pensando en llegar a su trabajo y regresar a casa a dormir. Realmente no hay ese espacio para poder crear”, lamenta.
En ese entorno industrializado y conurbado, el activismo adopta formas distintas a las del centro del país. Para Herrera, el feminismo cotidiano en municipios como Nicolás Romero tiene otros rostros: los de mujeres que construyen autonomía desde la vida diaria.
“Las mujeres que salen adelante solas; las que venden gelatinas o por catálogo; las que se permiten salir a la Ciudad de México a estudiar en la universidad pública o las que buscan espacios en la política local”.
Esa misma mirada se refleja en su obra. A través del fotobordado, Herrera interviene imágenes de bandas independientes y figuras de la cultura pop —desde John Lennon hasta Bad Bunny o la creadora Yuya— añadiendo color y texturas inspiradas en el mexicanismo.
Aunque la periferia del Estado de México suele ser estigmatizada o invisibilizada en los mapas culturales, su trabajo busca documentar la estética de ese entorno.

“La resistencia brota como una flor en el asfalto”, dice la artista, al referirse a las formas de creatividad que emergen en la vida cotidiana: en las luces neón de las combis, en los stickers del transporte público o en los rótulos de los pequeños negocios.
“No quedarse calladas”
A pesar de las redes que comienzan a formarse, el desafío sigue siendo grande. Herrera reconoce que Nicolás Romero continúa siendo un territorio complejo para la juventud disidente, marcado por visiones conservadoras y religiosas que aún rechazan el derecho a decidir o cuestionan la apariencia y libertad de las mujeres.
“Estamos todavía muy lejos de lo que ya se ha logrado en otros estados del país”, advierte.
Frente a la normalización de la violencia cotidiana y la falta de espacios de difusión en el municipio, el mensaje de la artista a las nuevas generaciones es claro: utilizar la creación como una herramienta para alzar la voz.
“Yo les invitaría a quitarse el miedo y a no quedarse calladas. A entender que su voz tiene mucho potencial. Cuando veamos cosas que no nos agradan en el día a día —como que estén agrediendo a otra mujer— no quedarnos calladas. Ya se ha normalizado demasiado y hay que manifestarnos con todas las herramientas que tengamos”.
Desde Nicolás Romero, el trabajo de Dani Herrera muestra cómo el arte puede convertirse en una forma de resistencia cotidiana y cómo, incluso en la periferia mexiquense, la creación puede abrir espacios de comunidad, diálogo y activismo.

Para conocer más de su trabajo y proyectos, se puede seguir a Dani Herrera en sus redes sociales, donde comparte sus piezas y procesos creativos en Facebook e Instagram.
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