¿A quién habla Higinio?

Higinio Martínez volvió a hablar. De sí mismo, de Morena, de Delfina Gómez, del gobierno que quiso encabezar y de una transformación que no resultó exactamente como la soñó. Pero lo verdaderamente revelador no es sólo qué dice. Es dónde lo dice y a quién necesita que lo escuche
septiembre 29, 2026

La pregunta fácil sería qué quiere Higinio Martínez.

La buena es otra:

¿A quién le está hablando?

Porque Higinio habla mucho últimamente. Y un político con medio siglo de oficio difícilmente confunde hablar con hacer ruido.

Con Hernán Gómez reconstruye su biografía. Vuelve a la izquierda de los setenta, a López Obrador, Texcoco, Morena, Delfina Gómez y al poder que construyó. Es el Higinio que reclama su lugar en la historia.

Con Fernando del Collado hace algo más interesante.

Sale de casa.

Va voluntariamente a Tragaluz, en Latinus, uno de los territorios mediáticos más hostiles a la 4T. La casa de algunos de sus críticos más duros; de quienes han hecho de la confrontación con el obradorismo una identidad editorial.

Y Higinio entra.

No a pelear.

A conversar.

Eso ya dice mucho.

Higinio habla mucho últimamente. Y un político con medio siglo de oficio difícilmente confunde hablar con hacer ruido. /Foto: Archivo AD Noticias.

“Totalmente”

Del Collado le pregunta si acudió voluntariamente, si pidió preguntas a modo, si vetó temas, si avisó a Palacio.

No.

—¿Viene con libertad?

“Totalmente.”

Una palabra.

Pero pronunciada ahí.

McLuhan sirve para entender el episodio sin necesidad de inventar conspiraciones: el medio es el mensaje.

Higinio pudo declararse libre en muchos lugares. Eligió hacerlo en Latinus.

El contenido dice: soy libre.

El escenario añade: tan libre que puedo venir aquí a decirlo.

No prueba que haya cambiado de bando. Sería una lectura pedestre. Tampoco demuestra alianza alguna con los adversarios de Morena.

Pero sentarse también es un acto político.

Higinio acaba de reconocer como interlocutor a uno de los espacios que su propio movimiento identifica con mayor claridad en el campo adversario.

Es una manera sofisticada de hacer compadre al enemigo.

Y después ocurre algo todavía mejor.

Del Collado vuelve a preguntarle:

—¿Sigue libre, senador?

“Hasta el momento, sí.”

Ahí se acaba el absoluto.

Totalmente. Hasta el momento.

Entre ambas expresiones cabe una teoría entera del poder.

“No sé si sea el mejor candidato…”

Con Hernán Gómez había dejado otra joya:

“Yo no sé si sea el mejor candidato, pero estoy seguro […] que sí seré el mejor, sí soy el mejor gobernador en el Estado de México.”

La frase merece leerse despacio.

Higinio duda de aquello que puede comprobarse y está seguro de aquello que nunca podrá comprobarse.

Puede saberse si es buen candidato: se compite, se vota, se cuentan sufragios.

Nunca podremos saber si habría sido “el mejor gobernador”, porque nunca gobernó el Estado de México.

Epistemológicamente, la certeza está colocada exactamente donde falta la evidencia.

Pero allí aparece algo más importante que la lógica: la representación que Higinio tiene de sí mismo.

Primero dice “seré”.

Después, “soy”.

El condicional desaparece.

Por unos segundos el lenguaje consigue aquello que la política le negó: sentarlo en el Palacio de Gobierno.

No describe al gobernador que fue.

Describe al gobernador que todavía habita en su imaginación política.

“Nunca pensé para mí”

Higinio duda de aquello que puede comprobarse y está seguro de aquello que nunca podrá comprobarse. /Foto: Archivo AD Noticias.

Al reconstruir sus primeros años en la izquierda dice:

“Nunca pensé para mí.”

La memoria nunca es una hemeroteca.

Ricoeur entendió que recordar también significa narrarse desde aquello en lo que uno terminó convertido.

Higinio recuerda a un joven que quería cambiar al país y no pensaba en cargos. Quien lo recuerda ha sido alcalde, diputado, senador, dirigente, candidato a gobernador y presidente del Senado.

No hace falta acusarlo de incongruencia.

Hay algo bastante más humano: el hombre que asegura haber comenzado sin pensar en sí mismo ha llegado al momento de pensar públicamente cuál fue su lugar en la historia.

Eso tiene otro nombre.

Legado.

“General… con mando de tropas”

Cuando recuerda que permaneció junto a López Obrador después de 2012 dice:

“Si lo ponemos en términos militares, fui uno de los pocos generales, o tal vez el único, con mando de tropas que se quedó con Andrés Manuel.”

La metáfora desnuda la representación.

No compañero.

General.

No militantes.

Tropas.

No demuestra cómo funcionaba realmente el movimiento. Demuestra cómo Higinio ordena retrospectivamente su lugar dentro de él.

Había jerarquía.

Había mando.

Y él se coloca arriba.

Higinio no se recuerda acompañando la historia.

Se recuerda conduciéndola.

“Yo soy para el Ejecutivo”

Después:

“Oh, no, yo soy para el Ejecutivo, la verdad.”

No dice que le guste.

Dice “yo soy”.

Una definición identitaria pronunciada, para mayor ironía, desde la Presidencia del Senado.

Su presente está en el Legislativo.

Su imaginación permanece en el Ejecutivo.

Eso ayuda a entender por qué la gubernatura sigue apareciendo en su discurso. No es solamente un cargo que alguna vez buscó. Es la pieza faltante en la biografía que Higinio cuenta de sí mismo.

El hombre que llegó muy lejos conserva memoria precisa del lugar al que no llegó.

“Tengo opiniones ahí encontradas…”

Y aparece Delfina.

Cuando Hernán le pregunta por su gobierno, Higinio responde:

“Tengo opiniones ahí encontradas y prefiero reservármelas.”

Magnífico silencio.

Porque Higinio no calla.

Anuncia que está callando.

Cuando Hernán le pregunta por su gobierno, Higinio responde: «“Tengo opiniones ahí encontradas y prefiero reservármelas.” /Foto: Archivo AD Noticias.

No conocemos esas opiniones. Inventarlas sería periodísticamente deshonesto.

Pero ya sabemos tres cosas: existen, son “encontradas” y considera inconveniente expresarlas públicamente.

El silencio deja entonces de ser vacío.

Se convierte en información.

La hermenéutica comienza precisamente ahí: no adivinando lo oculto, sino entendiendo el significado de que alguien decida mostrar que está ocultando algo.

“Lo está haciendo a su modo”

Del Collado llama a Delfina su pupila.

Higinio corrige:

“No, mi compañera de partido.”

Parece una precisión menor.

No lo es.

“Pupila” presupone maestro.

“Compañera” elimina la jerarquía.

Después le preguntan por su gobierno:

“Lo está haciendo a su modo.”

Cuatro palabras cuidadosamente escogidas.

No dice bien.

Tampoco mal.

Dice a su modo.

Delimita.

Más adelante agrega:

“Ojalá cumpla con su compromiso con el Estado de México.”

Y:

“Quisiera que cumpliéramos con lo que se ofreció.”

Dos verbos del deseo aplicados a algo todavía pendiente: ojalá, quisiera.

Hasta que Del Collado pregunta cómo debe evaluarse un gobierno.

“Con números. Y con hechos que sean palpables.”

¿Intenciones o hechos?

“Por hechos, por resultados.”

Higinio acaba de proporcionar el método con el cual también deberá leerse su propia historia.

No intenciones.

Resultados.

“Lo está haciendo a su modo.” señala Higinio y señala que es su «compañera de partido», no su pupila, eliminando jerarquías. /Foto: Archivo AD.

“No era así mi sueño”

Ésta quizá sea la frase de mayor densidad:

“No era así mi sueño, y lo digo con más de dos palabras. No era así mi sueño desde joven, pero así son las cosas.”

No habla de estrategia.

Ni de programa.

Habla de sueño.

Y enfrenta inmediatamente el sueño con las cosas.

Weber cabe entero en esa distancia: la política imaginada desde la convicción y la política conocida desde sus consecuencias.

Higinio no dice que la 4T haya fracasado.

Dice algo más incómodo: la transformación realizada no coincide enteramente con la transformación imaginada.

Después de medio siglo, el joven conserva el sueño.

El viejo político conoce las cosas.

“Hay pensamiento crítico que muchas veces no se expresa”

Otra frase completa el cuadro:

“Hay pensamiento crítico que muchas veces no se expresa, pero existe.”

Aquí Higinio separa dos territorios: lo que se piensa y lo que se dice.

No sabemos quién calla.

Ni qué calla.

Ni por qué.

Pero la frase reconoce algo fundamental dentro de cualquier sistema de poder: la distancia entre conciencia y discurso público.

Y tiene una ironía deliciosa.

Higinio está expresando públicamente que dentro de su movimiento hay quienes no expresan públicamente lo que piensan.

Quizá él mismo haya decidido cruzar esa frontera unos centímetros.

“Tengo críticas a Morena, pero no me deslindo”

Del Collado intenta llevarlo hacia afuera.

Higinio permanece dentro:

“Tengo críticas a Morena, pero no me deslindo de Morena.”

Toda la operación política está contenida en una conjunción:

pero.

Pertenezco, pero critico.

Critico, pero pertenezco.

No rompe.

Se diferencia.

No abandona la casa.

Reclama una habitación propia.

Y aquí aparece finalmente aquello que quizá estamos viendo.

«Tengo críticas a Morena, pero no me deslindo de Morena.”, señala Higinio, mostrando que, aunque pertence al partido tiene crpiticas al movimiento. /Foto: Archivo AD Noticias.

El derecho de pataleo

Higinio no parece estar anunciando una rebelión.

Está reclamando algo bastante más antiguo en política:

el derecho de pataleo.

El derecho del fundador a decir que aquello no resultó exactamente como lo soñó.

El derecho del viejo dirigente a recordar cuánto puso.

El derecho del aspirante que no llegó a gobernador a seguir pensando cómo habría gobernado.

El derecho del morenista a criticar Morena sin entregar su credencial.

El derecho del compañero de Delfina a decir que tiene opiniones encontradas.

Y el derecho del presidente del Senado a escoger dónde habla y con quién.

No es poca cosa.

Porque en organizaciones que llegan al poder después de décadas de lucha, la crítica interna suele adquirir un precio distinto. La unidad deja de ser solamente una virtud electoral y puede convertirse en disciplina discursiva.

Higinio parece estar negociando esa frontera.

No se va.

Patalea.

Entonces, ¿a quién habla Higinio?

A Morena, desde luego.

Pero ya no solamente a Morena.

Le habla a quienes construyeron con él.

A quienes gobiernan ahora.

A Delfina.

A Palacio.

A quienes dentro del movimiento piensan y no hablan.

A quienes alguna vez dependieron de su estructura.

A quienes consideran terminado su ciclo.

También habla hacia afuera.

A la oposición.

A las élites.

A los críticos de la 4T.

A públicos que probablemente jamás acudirían a escucharlo en una asamblea de Morena, pero que sí pueden verlo sentado en Latinus.

Eso explica por qué el medio importa tanto.

Higinio está ampliando su auditorio.

Y ampliar el auditorio significa también ampliar el espacio desde el cual uno pretende ser políticamente inteligible.

Bourdieu lo habría formulado como una disputa por la capacidad de nombrar la realidad.

Higinio quiere conservar esa facultad.

Decir quién fue.

Qué hizo.

Qué soñó.

Qué no le gusta.

Qué habría hecho.

Y dónde sigue parado.

No sabemos si pretende algo más.

Las entrevistas no alcanzan para afirmarlo.

Pero sí permiten observar algo:

Higinio quiere seguir siendo interlocutor.

Y para ser interlocutor primero hay que conseguir que los demás escuchen.

Por eso quizá su decisión más interesante no haya sido hablar con Hernán Gómez.

Fue cruzar la calle.

Sentarse con quienes han hecho de la crítica a la 4T una trinchera.

Aceptar sus preguntas.

Y decir ahí:

“Totalmente.”

Libre.

Hasta que al final apareció la pequeña nota al pie que acompaña a toda libertad política:

“Hasta el momento, sí.”

Ahí está Higinio.

No afuera.

No exactamente cómodo adentro.

Con un pie en la disciplina y otro en su biografía.

Sin romper.

Sin callarse.

Ejercitando, todavía, el derecho de pataleo.

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