La burocracia estatal de primer nivel, entiéndase secretarios, subsecretarios y directores generales, que ya se van tras la derrota del PRIAN-PRD ante Morena, se puede clasificar al menos en tres partes:
La primera, los que conocían, por haber ocupado un cargo de elección popular o haber participado realmente en una campaña del PRI, los documentos básicos del mismo, eran contados, realmente muy pocos.
La segunda, los que iban a sesiones en carácter de consejeros del PRI sin haber tenido jamás experiencia alguna en la obtención de votos y se limitaban a levantar la mano, tomarse fotos y ver admirados cómo se llevaban a cabo las reuniones del órgano máximo del partido. Destacan aquí secretarios y secretarias de estado, que nunca habían puesto un pie en el comité directivo estatal de ese partido político.
Y la tercera, los que obtuvieron su puesto sin haber sudado la camiseta, ni sentido compromiso alguno con el partido ni sus representantes y, mucho menos, con sus causas o banderas.
A los integrantes de la primera parte se les olvidó de dónde venían, que se gana y se gobierna por algo, dejaron de lado los principios y valores, preocupándose por vivir y disfrutar su fugaz momento.
Por lo que hace a los de la segunda y tercera parte, que son la inmensa mayoría, jamás se sintieron identificados con el PRI ni sus principios, maltrataban e ignoraban las peticiones, solicitudes y trámites de los auténticos priistas, ¡parecía que estaban en campaña permanente, pero en contra!
Sus desplantes de superioridad y falta de resultados fueron cultivando un desánimo que como bola de nieve, sexenio tras sexenio, iba creciendo.
Las elecciones no se hacen para que algunos se hagan ricos a costa de los más pobres, se puede respetar a los que piensan distinto y luchan por ello, pero aquellos indefinidos que zigzaguean entre dos bandos son los verdaderos traidores, los queda bien con todos y comprometidos con nadie.
Paradójicamente, estos últimos, bajo el lema de «¡El Rey ha muerto, viva el Rey!», son los que ahora buscarán, como cada sexenio, acomodo con los nuevos ganadores. Si los integrantes de Morena no se ponen en alerta, hasta serán sus nuevos jefes y tropezarán con la misma piedra.
Habrá que tener presente la sabia consigna «¡Ni perdón, ni olvido!»


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