La cabaña 39, el último escondite de “El Mencho”

Basada en las fotografías y videos difundidos por autoridades federales y medios nacionales, AD Noticias reconstruye el interior de la cabaña donde Nemesio Oseguera pasó sus últimas horas: camas destendidas, ropa sin guardar, comida fresca y un altar improvisado que muestran una vida en fuga interrumpida de manera abrupta
febrero 24, 2026

La escena congelada de una salida apresurada

La puerta de madera de la cabaña 39 aparece rota y ladeada, tal como se observa en el material oficial difundido tras el operativo. Desde el umbral, la imagen revela un espacio habitado hasta el último minuto: una mesa con platos apilados, una jarra de agua a la mitad y frutas frescas sin guardar. La luz que entra por los ventanales ilumina partículas de polvo suspendidas en el aire, como si la casa hubiera quedado en pausa.

No hay señales de abandono largo. Es, más bien, el retrato de una vida interrumpida en pleno movimiento.

Camas sin tender y ropa lista para usarse

En las fotografías de las habitaciones destaca lo mismo en cada una: desorden súbito.

La primera recámara muestra la cama destendida, con las sábanas arrugadas hacia un costado. Sobre el buró hay una botella de agua sin tapar, y en el piso, un par de sandalias descartadas en direcciones opuestas.

Otra habitación tiene una maleta abierta con ropa a medias: pantalones enrollados, camisas dobladas sólo hasta la mitad, un suéter, calcetines sueltos. Las imágenes revelan que varias perchas siguen ocupadas y otras están vacías, como si alguien hubiera tomado prendas rápidamente.

En una tercera recámara se ven perfumes de distintas marcas, artículos de higiene personal y pequeñas toallas. Todo ordenado, pero no empacado. Señal de una estadía prolongada y una salida repentina.

La cocina: provisiones frescas y vida cotidiana

Los videos difundidos por las autoridades muestran una cocina abastecida.

El refrigerador contenía cortes de carne, pescado y recipientes con verduras frescas. Sobre la encimera aparecen mangos, manzanas, jitomates y una bandeja de fruta a medio acomodar. También se observa una caja de medicamento para insuficiencia renal, abierta y con una tableta fuera.

Esa mezcla —comida fresca, insumos ordenados y un tratamiento médico en curso— sugiere que la cabaña estaba en uso estable, no como escondite fugaz.

Cocina desordenada con una amplia variedad de alimentos y utensilios en la encimera, iluminada por lámparas colgantes. Hay sillas y una mesa al fondo.
El refrigerador contenía cortes de carne, pescado y recipientes con verduras frescas / Foto: El Universal

Un altar íntimo en la recámara más discreta

En una de las habitaciones, las fotografías muestran un altar pequeño pero constante: una imagen de la Virgen de Guadalupe, otra de San Judas Tadeo, un cuadro de San Chárbel y un escapulario. Junto a ellos aparece una carta con el Salmo 91, fechada en enero de 2026.

No hay veladoras encendidas ni adornos elaborados. Es un espacio íntimo, utilizado como rutina, más cercano a un refugio espiritual que a una puesta en escena.

Una casa de descanso convertida en resguardo

La cabaña 39, según las imágenes difundidas, no era un búnker ni una fortaleza. Era una casa de descanso típica del fraccionamiento: ladrillo, teja y madera entre pinos altos. Su interior revela una vida discreta, organizada, sostenida.

Y también una salida precipitada.

Camas sin tender. Ropa dejada a medias. Comida fresca sin guardar.

Una puerta rota.

Un altar intacto.

Una escena detenida justo en el segundo en que la rutina cotidiana se quebró para siempre.

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Mario Garcia Mendieta

Mario Garcia Mendieta

Periodista orgullosamente formado en AD Noticias. Diplomado en Leadership & Management por Harvard Business School. Viajero curioso y amante de la comida. [email protected]

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