Video | Raymundo «N»: Un escondite discreto en una calle monitoreada por vecinos

Al lado del escondite, sobre la banqueta, está la mesa donde Gustavo vigila que no haya movimientos sospechosos en el lugar
marzo 26, 2024

Ninguno de los vecinos de la calle Linares, en la colonia Lindavista al norte de la Ciudad de México, sabía que en el número 671 se escondía el exalcalde de Toluca, Raymundo “N”. Tampoco notaron su captura, durante la madrugada de este jueves 18 de enero.

Algunos, como la señora del 643, se enteraron por las noticias la mañana siguiente. Otros no sabían que en uno de los dos departamentos de ese edificio blanco con zaguán color vino se ocultaba el político priista, investigado por el delito de secuestro exprés y señalado por violencia intrafamiliar. “Uno no sabe con quién vive al lado”, refiere con desconcierto una adulta mayor del edificio 677.

Semanas atrás, el 25 de noviembre, el exalcalde había burlado un operativo compuesto por decenas de hombres de la Fiscalía General del Estado de México (FGJEM). Desde entonces, había estado prófugo de la justicia.

Ahora, nadie en Linares escuchó o vio alguna patrulla o elemento de la FGJEM, la Policía Ministerial Militar o de la Comisión Nacional Antihomicidio (CONAHO) que participaron en la captura de Raymundo “N”.

Ni la madre e hija que dirigen la Lavandería Ricarte, al fondo de la vialidad, ni la recepcionista de las oficinas del 673 —quienes continuamente ven la circulación de vehículos y personas— notaron en algún momento la presencia del exedil.

Tampoco lo habían visto quienes trabajan en el consultorio médico Bere, en la esquina con la Av. Ricarte, la Farmacia Similares, en la esquina con la Av. Montevideo.

Tampoco la mujer que corta el pelo en el 228 de dicha avenida, el chico que entrega comida corrida en tres domicilios de Linares, una joven que pasea a su husky todas las mañanas sobre esa calle ni la mujer que recoge la basura los viernes. 

Al lado del escondite, sobre la banqueta, está la mesa donde Gustavo vigila que no haya movimientos sospechosos en el lugar. “Yo no vi nada raro”, refiere sobre los 54 días que Raymundo “N” estuvo prófugo. 

Gustavo ha sido guardia de seguridad privada de la calle Linares desde hace 10 años, trabaja de las ocho de la mañana a las ocho de la noche, así que no estaba en el lugar cuando ocurrió la captura del Raymundo “N”, explica.  

De acuerdo con la Fiscalía General de Justicia del Estado, el exalcalde recibía a familiares y colegas en su escondite, personas que lo habrían apoyado para evadir la justicia. Sin embargo, Gustavo asegura no haber visto tales movimientos en ese inmueble.

Por su parte, en las tres ocasiones que entró y salió con calma el señor de la casa 672, enfrente del 671, refirió seco y firme no tener tiempo para entrevistas.

Mientras grabábamos un video para redes sociales enfrente del inmueble donde se escondía Raymundo “N”, un hombre se acercó para entrar al lugar. Al pedir una entrevista sobre el operativo, respondió, sin voltearnos a ver, “No, no, no. No sé de qué me hablas. Aquí no pasó nada”.

El señor entró al edificio y abrió todas sus ventanas. Vecinos del multifamiliar 677 aseguraron que se trata del dueño del lugar. El señor Gustavo afirmó no saber quiénes viven actualmente en el número 671 de Linares.

A cinco metros a la derecha, se encuentra un poste con un botón de pánico y dos cámaras del Centro de Control, Comando, Comunicación, Cómputo y Calidad (comúnmente conocido como C5). Sin embargo, vecinos del 677 y el propio Gustavo refieren que no sirve.

La gran mayoría de las casas de Linares cuentan con cámaras que apuntan a la banqueta y otras pocas a la calle. Inclusive el número 671 cuenta con dos de ellas. Pero en ninguno de los inmuebles donde se pidió consultar las grabaciones se nos dio acceso

En el número 636, donde una de las cámaras apunta a la calle, nos respondieron que solo con una orden judicial podríamos revisarla. “Así son. No te van a mostrar las cámaras”, sostuvo Gustavo sobre quienes viven en la calle Ricarte. 

El señor Gustavo cuenta que incluso cuando han ocurrido choques de auto y robos, no dejan tener acceso a las grabaciones ni a sus propios vecinos. “Ni a los policías los dejan”.

Una prima de un habitante de esta calle —cuyo número se omite por posibles represalias por parte de sus vecinos— asegura que en Linares “son muy cerrados”, “desconfiados”, y que no tienen asamblea o algún tipo de organización vecinal. 

“Es una calle fúnebre, solitaria. Es la que menos participa de toda la colonia cuando hay problemas”, apunta un hombre que vive al fondo de la Av. Ricarte. Cuando existía sobre la calle una escuela cuyos estudiantes causaban molestias a los vecinos de la colonia, los que menos ofrecieron solidaridad, explica, fueron los vecinos de Linares.

En la calle Linares, monitoreada por personas que desconfían unas de otras, tal vez sí es posible que un presunto secuestrador se pueda esconder por días, sin que nadie se entere. Ni siquiera de su captura.

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