Entre guardias y bloqueos; así es la vida en los campamentos del IMSS

Trabajadores de la salud combinan sus turnos, la protesta y las responsabilidades del hogar mientras pasan noches a la intemperie, con el apoyo de compañeros, derechohabientes y ciudadanos
octubre 24, 2026

El campamento no duerme; mientras algunos intentan descansar sobre una colchoneta, un catre o entre cobijas, otros acomodan los víveres, sirven café, preparan comida o avivan el fuego del anafre para combatir el frío, la noche transcurre entre conversaciones, pendientes y pausas de sueño que pueden combatir la lluvia o el viento.

Las casas de campaña se distribuyen en el espacio de Paseo Tollocan que ocupan los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) quienes mantienen el bloqueo mientras otros cumplen con sus responsabilidades laborales y familiares, porque los trabajadores que se manifiestan viven hasta tres jornadas diarias: la laboral, la familiar y la de la lucha.

Trabajadores del IMSS mantienen campamentos de protesta en Paseo Tollocan y Metepec, donde permanecen durante el día y la noche. / Foto: ArchivoAD

Los toldos y las lonas los protegen de las condiciones del clima, aunque no siempre son suficientes: en algunas ocasiones, el viento ha levantado sus pertenencias y los ha obligado a recogerlas y volver a acomodar ttodo; sin embargo, aun así, permanecen.

El campamento se ha sostenido también gracias a la colectividad de compañeros de trabajo, derechohabientes y personas de la sociedad que se han acercado para llevar comida y víveres. Cada aportación ayuda a cubrir las necesidades de quienes pasan ahí buena parte de sus días y noches desde el día uno del bloqueo.

Entre el cansancio y la incertidumbre, la organización se vuelve iindispensable; mientras unos descansan, otros mantienen las actividades para que haya alimentos, café y un espacio donde resguardarse. No todos pueden dormir al mismo tiempo ni la misma cantidad de horas, pero todos están dispuestos a permanecer y resistir en su lucha.

Las casas de campaña, cobijas y colchonetas permiten a los manifestantes descansar durante las pausas que dejan sus jornadas laborales y familiares. / Foto: ArchivoAD

Protesta y trabajo se compaginan

Para los médicos, enfermeras y demás trabajadores de la salud que participan en el bloqueo, la protesta no sustituye sus obligaciones laborales. Antes de llegar al campamento, cumplen sus turnos y continúan atendiendo a los pacientes; después, en lugar de volver a casa para recuperarse, se incorporan a la movilización.

Y al terminar esa segunda jornada, todavía hay una tercera: la familia; en casa esperan hijos, parejas y otras personas que requieren atención. También hay comida que preparar, pendientes que resolver y tareas domésticas que no desaparecen.

Cada trabajador tiene una historia distinta y responsabilidades que debe acomodar entre el hospital, la protesta y su vida personal.

Médicos, enfermeras y otros empleados del IMSS describen jornadas divididas entre el hospital, la familia y la movilización. / Foto: ArchivoAD

El tiempo para dormir queda reducido a los espacios que permiten las circunstancias. Algunos han pasado varios días descansando apenas una o dos horas, entre las obligaciones del trabajo y las actividades del campamento.

“Como mujer sabemos que dejamos hijos, dejamos labores de casa, pero como venimos también y lo hacemos con mucho gusto no se los ha hecho pesado, no hemos dejado nuestra labores del trabaja como se ha mencionado, seguimos trabajando y saliendo del trabajo nos venimos para acá” comenta para Ad noticias una de las trabajadoras que se encuentra en el campamento del bloqueo desde el día 1.

No todos tienen las mismas condiciones para permanecer en la protesta. Algunos deben retirarse para cumplir con compromisos familiares y después regresar; otros aprovechan los momentos disponibles para dormir o comer antes de continuar. La organización depende de sus posibilidades, pero el cansancio acompaña a quienes enlazan una actividad con otra sin un periodo suficiente de recuperación.

El frío nocturno obliga a los trabajadores a utilizar cobijas, toldos y lonas para resguardarse mientras permanecen en el campamento. / Foto: ArchivoAD

Las noches a la intemperie

Cuando oscurece, el frío y la incertidumbre se hacen más presentes porque las cobijas ayudan a conservar el calor; las casas de campaña ofrecen un espacio para acostarse y el anafre se convierte en un punto para calentarse mientras se prepara la comida.

Pero dormir fuera de casa implica enfrentar condiciones para las que no siempre están preparados, como la lluvia que puede filtrarse, el viento que puede mover los toldos y las lonas, y las pertenencias pueden terminar mojadas o dispersas. Cuando eso sucede, toca levantarse, recoger lo que se pueda y buscar cómo protegerse.

Los manifestantes preparan alimentos y café para quienes pasan varias horas o noches en el bloqueo de Paseo Tollocan. / Foto: ArchivoAD

El miedo también forma parte de esas noches.

No es lo mismo descansar en casa que intentar conciliar el sueño en medio de un bloqueo, con las incomodidades de la intemperie y sin saber qué condiciones traerá la madrugada.

“De pronto es un poco de miedo el que vivimos acá de noche por la exposición del campamento en medio de la calle, de pronto pensar en la inseguridad, en que algo pueda sucedernos, pero aun así aquí seguiremos resistiendo.” señaló uno de los manifestantes para AD Noticias sobre el pasar la noche dentro del campamento.

Pese a ello, el campamento conserva momentos de convivencia: la comida se comparte, alguien sirve una taza de café y los compañeros se distribuyen las tareas para que el espacio siga funcionando. El respaldo que reciben de otras personas también contribuye a sostenerlos durante los días y las noches de protesta.

“Mi familia me apoya en seguir aquí en pie de lucha porque saben que es por una buena causa, que es por ellos que estoy aquí”, expresó una de las trabajadoras sobre el respaldo familiar.      

Las historias personales son distintas, pero coinciden en un punto: quienes permanecen en el bloqueo intentan sostener la protesta sin dejar de cumplir con sus otras responsabilidades. Son trabajadores de la salud, pero también madres, padres, hijos y personas que tienen una vida fuera de sus turnos y de la movilización.

Compañeros de trabajo, derechohabientes y ciudadanos han contribuido con alimentos y víveres para sostener los campamentos. / Foto: ArchivoAD

Seguir en pie

Al amanecer, el campamento vuelve a ponerse en movimiento. Algunos se levantan después de un par de horas de sueño; otros continúan con las tareas que quedaron pendientes. Se acomodan las cobijas, se revisan los víveres y se prepara café para comenzar otra jornada.

Para algunos, el siguiente paso será regresar al hospital; para otros, atender asuntos familiares o permanecer en el bloqueo. En muchos casos, las actividades se encadenan sin que exista una pausa suficiente para recuperarse.

La lluvia, el frío y el desgaste físico no desaparecen, tampoco las responsabilidades que esperan fuera del campamento. Sin embargo, los trabajadores continúan organizándose y reciben el respaldo de quienes se acercan a compartir alimentos o ayudar con lo necesario.

La resistencia no se limita a pasar una noche a la intemperie, también consiste en volver al trabajo, atender a los pacientes, responder por la familia y regresar a la protesta, aun cuando el cuerpo apenas ha tenido tiempo de descansar.

La organización colectiva permite distribuir tareas de alimentación, limpieza y resguardo entre los trabajadores que participan en la protesta. / Foto: ArchivoAD

La Resistencia del Fénix

El campamento instalado afuera del Hospital General Regional No. 251 del IMSS, en Metepec tiene por nombre Resistencia del Fénix, ahí la resistencia se vive en un espacio más pequeño que en Tollocan, pero con las mismas necesidades de quienes pasan sus días y noches en la protesta.

Las casas de campaña se distribuyen a lo largo del lugar una tras otra para combatir el frío y los víveres se mantienen a la mano para compartir alimentos; acá tampoco existen individualismos, todo es colectivo.

Cada rincón del campamento cumple una función: resguardarse, descansar unos minutos o mantener la organización para que el campamento siga en pie.

Aquí, además del cansancio y las bajas temperaturas, los trabajadores enfrentan el tránsito imprudente de conductores que intentan atravesar el bloqueo convierten algunos momentos en situaciones de tensión; quienes permanecen ahí deben mantenerse atentos mientras sostienen su protesta.

Algunos manifestantes aseguran que han llegado a dormir apenas una o dos horas debido a sus responsabilidades y a las condiciones del campamento. / Foto: ArchivoAD

A pesar de las diferencias con otros campamentos, la convicción es similar y la comunicación entre ambos campamentos es continua. Los trabajadores aseguran que continuarán en la lucha, incluso frente al desgaste de las jornadas y las dificultades de permanecer a la intemperie.

Para ellos, resistir no es una tarea ajena a su oficio, sino una forma de defender aquello en lo que creen.

La guardia continúa también fuera de los consultorios, entre las casas de campaña, los víveres y el ruido de los vehículos, los trabajadores mantienen su presencia con la determinación de no abandonar el movimiento.

Una trabajadora explicó a AD Noticias que continúa cumpliendo sus labores hospitalarias antes de incorporarse al campamento de protesta.

Porque, como expresan quienes permanecen en el campamento, resistir también forma parte de la profesión del médico; ellos, que enfrentan largas jornadas de guardias sin descanso salvando vidas en el hospital.

Están entrenados para cuidar, mantenerse de pie y seguir adelante incluso cuando las condiciones son adversas.

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