Si de alguna forma podría definírsele a Carlos Eduardo Barrera Díaz en el ejercicio del cargo, sin duda sería de «rector prudente». Ha sido excepcionalmente meticuloso, concentrado en la administración y la academia, lo más lejos posible de la política o, para decirlo claro, de “la grilla”. Su suerte está echada, pasará a la historia de la UAEMex como el rector de la transición, aquel que cierra un ciclo y da paso al inicio distinto a todo lo anterior.
*
Por supuesto que Barrera Díaz tiene simpatías por uno o más de los aspirantes a sucederlo, es normal, la mayoría de quienes intentarán llegar a la Rectoría trabajan actualmente con él. Raro, absurdo, sería que se mostrara indiferente, desinteresado. Lo que no debe hacer es intentar favorecer a uno u otro —otra—, meter la mano para cargar los dados, eso sería no solo antiético, sino ilegal. Su deber es garantizar piso parejo para todos, y así lo ha hecho hasta hoy.
*
Lo que también estaría muy mal sería que desde el gobierno o la oposición se intentara influir en la decisión que solo corresponde tomar a la comunidad universitaria. Contener la intervención exterior sería el verdadero cambio. En el régimen anterior al rector se le designaba en el despacho del gobernador en turno. Hoy, las condiciones están dadas para que deje de ser así.
*
La reforma a la legislación universitaria es urgente para fortalecer y garantizar plenamente su autonomía, entre otros aspectos urgentes como el acceso universal y la gratuidad real. Lo demás, es lo de menos.
*
En los procesos de cambio siempre hay colados y rémoras. Hoy, cualquier tonto útil con boina, camiseta del Che y tatuaje de la hoz y el martillo se cree de izquierda y creador del cambio. Parásitos anticuados, buenos para nada, vividores acomodaticios. Entre ellos uno es notorio, “el camarada Fermín”, que cree que llegó su momento y puede ser rector. Pobre.


Síguenos