Tadeo regresó a clases, como debieron hacerlo otros 4 mil niños de Chalco hace 15 días, igual que todos los niños a nivel nacional. Su colonia, Culturas de México, fue una de las más afectadas por la inundación de aguas negras que duró más de un mes. Sin embargo, no todos los niños pudieron volver; algunos de sus compañeritos no asistieron a clases.




De camino a su escuela, la primaria Netzahualcóyotl, Tadeo esquivó algunos charcos y el lodo cubierto de cal que aún no ha sido limpiado. El olor a podredumbre persiste en algunas calles. En su casa, el drenaje todavía no funciona, por lo que tiene que ir al mercado, donde colocaron baños portátiles.
Tadeo pasó a quinto año de primaria y camina contento junto a su madre María, quien tuvo que pedir un día de vacaciones en el trabajo para poder acompañarlo. También lo acompaña su abuela, también María, quien es su tutora en la escuela.
Ambas vieron su rutina modificada por la inundación que comenzó a principios de agosto. “Siempre se inunda, pero esta vez sí subió mucho”, lamentó la abuela.




“Es muy latoso, pero muy inteligente. Dejó la natación porque no nos alcanza”, confiesa su abuela. Ella pudo regresar al tianguis a vender “chácharas”, su sustento, que se vio pausado por la contingencia. Como ella, cientos de personas dejaron de percibir ingresos debido a que su actividad económica es el comercio informal.
No hubo cubrebocas
En la escuela de Tadeo, este primer día no hubo cubrebocas, solo gel sanitizante. El representante de la Secretaría de Salud informó, durante la ceremonia de bienvenida, que se distribuirán 7 mil kits de gel y cubrebocas. Además, se aplicarán vacunas contra el virus del papiloma humano a niñas de entre 9 y 12 años.
Para Tadeo, regresar a clases fue importante. Durante el encierro, le brotaron verrugas y se enfermó más de una vez del estómago. Personal de la Secretaría de Salud estatal instaló módulos donde ofrecieron medicamentos, vacunas y primeros auxilios.



Los trabajos continúan
Hoy, Protección Civil municipal y estatal continúan trabajando, soldados del Ejército, marinos, policías estatales y la Guardia Nacional. Sus labores se concentran principalmente en la limpieza y desinfección.
Mientras esperaba la entrada de Tadeo a la escuela, un hombre le preguntó a doña María si ya habían censado su casa. “No”, respondió ella. El vecino le explicó que debía llevar identificación, copia del acta de nacimiento y un comprobante de domicilio.
“A mí ya me censaron, pero aún no saben si nos ayudarán con dinero o en especie”, interrumpió la madre de otro menor, quien, con ayuda de los militares, sacó su refrigerador para evitar perderlo.
La familia de Tadeo ha regresado, en parte, a la «normalidad». Esa normalidad a la que se han acostumbrado desde hace 30 años, cuando llegaron: falta de agua, mal drenaje, robo a casa habitación y en el transporte público.
Su vida no cambió mucho, pero al menos hoy, Tadeo podrá jugar con sus amigos.

