Dentro del salón de plenos de la Legislatura mexiquense, la presidenta de la Mesa Directiva, Martha Azucena Camacho Reynoso, anunció a las 11:20 de la mañana, con voz firme, el inicio de la comparecencia del secretario de Gobierno, Horacio Duarte Olivares. Comenzaba un ejercicio que, más que protocolo, buscaba reafirmar la narrativa de un gobierno que presume diálogo, transparencia y cercanía.
Camacho Reynoso abrió el acto con un discurso solemne: “Este ejercicio republicano y democrático se lleva a cabo en un marco de diálogo y cooperación institucional, indispensables para el debido cumplimiento de nuestras funciones. En favor del pueblo del Estado de México”. Habló de la importancia de conocer “en forma directa y con mayor precisión el desarrollo del ejercicio público”, recordando que la Secretaría General de Gobierno —dependencia fundamental, dijo— encarna la gobernabilidad del estado y la relación entre los poderes públicos.

A las 11:38, Duarte subió al estrado. Vestía traje azul, camisa blanca y corbata roja. Su tono fue grave, contenido, y cada palabra pareció meditada. “Es un honor comparecer ante ustedes, como una oportunidad para rendir cuentas, compartir logros y renovar nuestro compromiso democrático con el pueblo mexiquense”, abrió, antes de girar la mirada hacia los diputados.
En su intervención inicial, el secretario trazó una línea clara entre el pasado y el presente político: “Han transcurrido ya dos años desde que el pueblo mexiquense decidió inaugurar un nuevo capítulo en nuestra historia. La elección de la maestra Delfina Gómez significó que la ciudadanía decidió un proyecto político distinto”.
Duarte habló con énfasis sobre el liderazgo femenino que, según dijo, marca la nueva etapa del país. “Tenemos la fortuna de contar con el liderazgo de dos grandes mujeres, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo y la maestra Delfina Gómez Álvarez. Ellas no solo representan la esencia del proyecto de transformación al que pertenecemos, sino que además han logrado una sinergia sin precedentes en la historia de nuestra entidad”.

Con tono firme, el funcionario abundó: “El pueblo exigió un cambio verdadero, un gobierno cercano, honesto, que hable con la verdad y que actúe con justicia. Hoy, a dos años de distancia, cada decisión tomada ha estado guiada por esa convicción: que el poder debe servir al pueblo”. Recordó que “el poder no es para enriquecerse, sino para servir con humildad”, y que la orden de la gobernadora es clara: “Gobernar desde el territorio, no desde el escritorio”.
El secretario hiló cifras con narrativa. Dijo que el presupuesto de 388 mil millones de pesos se ejerce con una visión “humanista, honesta y austera”. Aseguró que “uno de cada dos hogares mexiquenses recibe apoyos directos de programas estatales” y que 650 mil mujeres forman parte de Mujeres con Bienestar.

En salud, presumió más de nueve millones de consultas médicas y la rehabilitación de clínicas y hospitales; en economía, 216 mil millones de pesos en inversiones y un liderazgo estatal en generación de empleos formales. Mencionó también el incremento de 18.6 % en los viajes del Mexibús y de 49.5 % en el Mexicable, junto al Plan Integral del Oriente, con 121 acciones en vivienda, educación e infraestructura social.
“Lo que hemos logrado en estos dos años es apenas el cimiento de lo que vamos a construir juntos”, dijo, en alusión a la continuidad del proyecto. «Gobernar no es gastar más, gobernar es gastar mejor. Cada peso del presupuesto debe estar al servicio de la gente”.
La comparecencia avanzó entre intervenciones de los diputados Omar Ortega (PRD), Juan Zepeda (MC), Joanna Alejandra Felipe (PAN), Eduardo Zarzosa (PRI), Sofía Martínez (PT), Alejandra Figueroa (PV) y Maurilio Hernández (Morena). El formato, estricto, marcaba cinco minutos por pregunta y diez para responder. Duarte se movía entre los apuntes y la mirada directa. Aclaró que las respuestas no concluidas serían enviadas por escrito a través de la Junta de Coordinación Política.
El tono subió cuando el diputado Zepeda cuestionó los hechos de violencia en Reyes La Paz y Chalco. Duarte respondió con cifras y empatía: “El delito de feminicidio disminuyó 15.38 % entre el 1 de enero y el 5 de octubre de 2025. Ya no somos el primer lugar en feminicidios”. Añadió que la violencia de género bajó 12.5 % y, con voz más suave, dijo: “Comparto ese enojo, esa molestia; si hay algo que duele, es perder a una mujer”.

Luego vino el turno del PRI. Eduardo Zarzosa le preguntó por el desabasto de medicamentos. Duarte respondió sin rodeos: “No hay desabasto de medicamentos. El ISSEMyM mantiene una cobertura del 98% y trabajamos con IMSS-Bienestar para garantizar que los medicamentos lleguen a tiempo”.
A la diputada panista Joanna Felipe Torres le respondió con anuncios: entre noviembre de 2025 y marzo de 2026 se implementará el proyecto “más grande de mantenimiento carretero y bacheo en el Estado de México”. También habló de obras hidráulicas y de la actualización del Atlas de Riesgo, limpieza de cauces y la construcción de un nuevo recolector en Chalco.
“El gobierno no se esconde detrás de protocolos”, afirmó Duarte en su cierre. “La gobernadora está en las calles, con la gente, de frente. Quien no le guste servir, no tiene cabida”. Habló de austeridad, de la “Cuarta Transformación como compromiso, no discurso”, y de una administración en la que “el único amo es el pueblo mexiquense”.

Al finalizar, el secretario de Gobierno pidió unidad. “No venimos a administrar inercias ni repetir fórmulas del pasado; venimos a transformar de raíz las estructuras que negaron derechos y justicia”. Llamó a “cerrar filas en torno a la gobernadora Delfina Gómez Álvarez”, y dejó una advertencia que sonó más política que administrativa: “No es momento para pensar en las agendas del 2027 ni más allá. Quienes se distraigan en esos temas le faltan el respeto al pueblo mexiquense. Hoy se debe trabajar, trabajar y más trabajo”.
Su voz resonó firme en el recinto. “No hay espacio para divisiones ni protagonismos personales. La unidad es el corazón de nuestro movimiento. La Cuarta Transformación no es patrimonio de las burocracias. El único amo que tenemos es el pueblo mexiquense. No tenemos derecho a fallar”.
El aplauso final fue prolongado. Duarte bajó del estrado con el mismo gesto con que llegó: sobrio, sin prisa, dejando detrás un eco de frases ensayadas y una narrativa que busca reafirmar que en el Edomex rendir cuentas es también una forma de hacer política.


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