Respirar y morir

Seguimos en la actitud de «quietistas climáticos», que son quienes «confían» sin hacer nada
mayo 20, 2024

Recuerdo que hace unos cinco años, comentamos en este mismo espacio un estudio realizado de forma simultánea en 652 ciudades de 24 países distintos (incluido México, con ocho zonas urbanas), cuya conclusión es que existe un muy claro vínculo entre la mortalidad diaria por enfermedades respiratorias y cardiovascular y la presencia de partículas suspendidas (PM), sobre todo aquellas cuyo diámetro aerodinámico es de 10 micras o menos (PM10), así como las más “finas”, con tamaño no mayor a 2.5 micras (PM2.5).

Con base en los datos que reportaba en aquella época La Red de Monitoreo Atmosférico, evidenciamos que la zona metropolitana del Valle de Toluca era una de las regiones más contaminadas del país y quizá del mundo. Más de 75% de los días del año respiramos regular, mala o muy mala calidad de aire en esta región (una mezcla de polvo, polen, hollín, humo, etc.).

Las últimas semanas ha sido evidente el incremento en los niveles de contaminación en nuestra ciudad y municipios aledaños, lo cual ha hecho que las autoridades declaren contingencia ambiental en varias ocasiones. Se han sumado las altas temperaturas, los incendios, la falta de lluvia y, evidentemente, cada día hay más fuentes de contaminación del aire, por el simple hecho del crecimiento urbano, industrial y las dinámicas poblacionales.

Ya tenemos claro que la exposición a la contaminación del aire urbano puede aumentar el riesgo de mortalidad a corto plazo. Es una afirmación que se ha hecho reiteradamente desde los centros de investigación especializados en los temas ambientales y de salud. En eso no hay duda y tampoco se nos puede olvidar que ya en el pasado reciente (2019 es la fecha que recuerdo más claramente) se suspendieron clases y se recomendó a la gente no salir de casa y no hacer actividades al aire libre debido a los altos niveles de contaminación del aire.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha reiterado año con año que la contaminación del aire puede generar accidentes cerebrovasculares, cardiopatías, cáncer de pulmón e infecciones respiratorias, entre otros males. Esa misma instancia estima en siete millones de muertes anuales las que se registran en todo el mundo directamente relacionados con la mala calidad del aire que se respira en las ciudades. Y afirma: casi toda la población mundial (99%) respira niveles insalubres de partículas finas y dióxido de nitrógeno.

Y, sin embargo, seguimos en la actitud de “quietistas climáticos”, que son quienes “confían” que sin hacer nada, todo terminará por solucionarse. No se ve claridad ni seriedad en políticas públicas, en acciones directas, en regulación y verificación seria que derive en remediar y revertir la peligrosa tendencia en la que nos encontramos.

Son varios los rubros en los que debería actuarse: en la industria, con tecnología que reduzca las emisiones y con una mejor gestión de los desechos; en el sector de la energía, con modalidades más limpias; en el transporte, priorizando medios alternos a los automotores, entre otros. Pero hace falta, visión de futuro, voluntad política y participación de todos los sectores de la sociedad. Urge.

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