Crisis ambiental, ¿de quién es la responsabilidad?

Esta modificación en la dinámica socioambiental evidentemente está en la base de lo que hoy experimentamos en relación con los fenómenos atmosféricos
mayo 27, 2024

Ola de calor, sequía, tornados atípicos, sobrecarga en redes de energía y apagones, son sólo algunos de los temas de conversación y de atención mediática de los últimos meses. ¿Se trata del calentamiento global?; ¿es más bien una catástrofe climática?; ¿lo pertinente es llamarle crisis ambiental? La discusión es importante, pues se trata de algo que trasciende lo coyuntural. Son procesos prolongados y poliédricos de los que poco se habla más allá de los ámbitos académicos.

Es comprensible que la atención mediática se dirija a lo extraordinario: lo noticiable es lo atípico. Una granizada, los ventarrones, el bajo nivel de las presas, la mala calidad del aire, son “nota” y los encontramos en todos los medios. Menos frecuente es hablar del metabolismo socioambiental o de la configuración histórico-particular del capitalismo como elementos constituyentes de lo climático. Y no se trata de terminología rebuscada para nombrar las cosas, sino de la perspectiva desde la cual se mira.

La perspectiva más frecuente cuando se habla de estos problemas ambientales es la que señala al ser humano como agente causal de la crisis: por desperdiciar el agua, por generar basura, por tener un auto viejo, por usar aerosoles, etc. Pedirle a todo mundo que racione, que reutilice, que siembre arboles o que cambie de auto se vuelven los lugares más frecuentes para “solucionar” el problema. Sin embargo, es evidente que no son la solución, porque no son precisamente las personas (en lo individual) las que causan el problema.

El problema es sistémico. Cuando decimos eso estamos aludiendo a los múltiples factores, elementos, condiciones y dinámicas que se articulan bajo una cierta lógica. Esa lógica, evidentemente, no ha sido ni consultada, ni consensada, ni es responsabilidad de todos por igual. La lógica tiene que ver con el incremento del capital, pero sobre todo con la tecnología empleada.

Desde la revolución industrial, la combustión se convierte en la base de la tecnología capitalista que buscará, por todos los medios posibles, incrementar los volúmenes de producción y acumular la riqueza. Por milenios el metabolismo socioambiental se basó en la agricultura, la ganadería, en el despliegue de energía humana y animal para obtener alimentos y demás satisfactores. Pero los últimos dos siglos y medio será la combustión (carbón, leña, petróleo y derivados) lo que potencie la producción e incremente los ritmos de generación de riqueza.

Esta modificación en la dinámica socioambiental evidentemente está en la base de lo que hoy experimentamos en relación con los fenómenos atmosféricos. Es no solo la combustión, sino la lógica con la que se utiliza: eso es lo que conforma una tecnología. Antes del motor de combustión externa que revolucionó la producción, ya el ser humano empleaba el fuego, cocinaba sus alimentos, se calentaba él mismo, iluminaba sus viviendas y fundía y maleaba los metales a través de la combustión. Lo que hará la diferencia es cuando la energía producto de esta última es transformada en movimiento para mecanizar la producción.

A lo largo de este periódico histórico que arranca con el motor de combustión externa se irán modificando las relaciones de producción: algunas personas y grupos se harán con la propiedad de estos medios mecanizados, de los combustibles para hacerlos operar y el resto (la mayoría) será dueño solo de su energía biológica (mano de obra) y emplazado a erigirse en consumidor de las mercancías producidas en masa.

Esta dinámica no fue sometida a consenso y, sin embargo, con el paso del tiempo irá ganando legalidad. Toda una ingeniería jurídica y administrativa cobijará al sistema de producción y, posteriormente, cuando los problemas derivados de la combustión sean inocultables, se armará una gran narrativa para señalar a cada uno de nosotros como responsable.

En efecto, es un problema que tenemos todos, como especie; sin embargo, no hemos sido todos los que contribuimos en la misma proporción a generarlo. Se nos pide contribuir a resolverlo, pero sin toca un ápice las dinámicas del sistema. ¿Será posible eso? ¿Podremos escapar a los efectos del sistema sin modificarlo? Suena a un despropósito. Impulsar campañas de ahorro de agua, de reducción de emisiones o de reforestación está bien, pero no serán sino aspirinas contra el cáncer. La metástasis está en la tecnología del modo de producción. Y recuérdese, es no solo lo técnico, sino la lógica con la que se le emplea.

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