- Desconfianza total;
- 2027 en riesgo;
- Partidos fuera de la conversación;
- La tarea incómoda;
- El diagnóstico que puede ignorarse.
La cifra que desarma al sistema
Más del 75 % del electorado mexiquense desconfía de todos los partidos políticos. No de uno, no de dos: de todos. El dato no proviene del rumor ni del café político, sino de un estudio formal del Instituto Electoral del Estado de México y el Colegio Mexiquense. En una entidad con más de 13 millones de electores, la señal es inequívoca: el problema no es la competencia electoral, es la pérdida de sentido del sistema de partidos.
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2027: elección sin adhesión
Con ese nivel de desconfianza, 2027 no se perfila como una elección de proyectos, sino de cálculo, castigo o simple retiro. Cuando la mayoría no cree en nadie, el voto deja de ser convicción y se vuelve accidente. La abstención deja de ser una anomalía del sistema y se convierte en su escenario base. Quien gane lo hará conforme a la ley, pero con una legitimidad social frágil y vigilada.

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Los partidos hablan solos
El estudio confirma lo que en territorio ya se percibe: los partidos hablan entre ellos y para ellos. Campañas saturadas de eslóganes intercambiables, candidaturas sin arraigo y estructuras más preocupadas por sobrevivir que por representar. En ese contexto, pedir confianza suena casi cínico. Antes de convencer, los partidos tendrían que volver a significar algo.
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La tarea que nadie quiere asumir
El diagnóstico deja una tarea incómoda pero clara: reconstruir representación, no solo movilización. Menos propaganda y más contenido. Menos simulación territorial y más rendición de cuentas. Menos candidaturas de trámite y más perfiles capaces de explicar para qué quieren el poder. El estudio no pide milagros, pide correcciones políticas básicas que el sistema ha postergado durante años.

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El diagnóstico que puede ignorarse
El problema no es el estudio, es la costumbre de ignorarlo. El Edomex acumula diagnósticos precisos y decisiones ausentes. Este advierte una desconfianza masiva hacia los partidos, pero corre el riesgo de terminar archivado, citado en discursos y olvidado en la práctica. Si el sistema vuelve a mirar a otro lado, 2027 no será una sorpresa: será la consecuencia lógica de no haber querido escuchar.

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