En diversas ocasiones nos hemos referido a la importancia del equilibrio en la naturaleza. De hecho toda actividad natural tiende al equilibrio. En la tierra, en la atmósfera, en el mar. Fenómenos naturales que resultan agresivos para el ser humano, como los huracanes, en esencia son los mecanismos que la naturaleza encuentra para alcanzar el equilibrio perdido. Por eso en los reinos animal y vegetal existen seres que cuyo papel es depredar a otros. Mantener bajo control las poblaciones de animales o plantas es una forma de asegurar la sobrevivencia de muchas especies más. Y las plagas se presentan cuando en un ecosistema se pierde el equilibrio de alguno de sus elementos.
Hoy me referiré a las ardillas. Los simpáticos roedores que es un encanto verlas correr en los bosques o en los zoológicos, trepar por los árboles y comer con sus patitas lo mismo semillas, que brotes tiernos de plantas… pero ¿qué sucede cuando esos bosques son urbanos y al estar fuera de su ecosistema natural no tienen que convivir con sus depredadores naturales? Entonces se convierten en una plaga. Sí, en lugares como la Ciudad de México, están a punto de pasar de una alegría a una amenaza. En su hábitat natural, es decir los bosques forestales, además de ardillas existen zorros, tejones, serpientes y coyotes que cumplen la función de mantener la población de nuestro amigo roedor en equilibrio con el alimento para todas las especies que habitan el bosque. En las ciudades los perros y gatos depredan algunas, pero no logran reponer el equilibrio.
El problema es grave porque en sitios como el Bosque de Chapultepec o los Viveros de Coyoacán, incluso el bosque que convive con Ciudad Universitaria (UNAM) las ardillas han llegado a una población de 30 o 40 por hectárea, es decir, diez veces la cifra considerada normal por los especialistas: 3 o 4 en la misma superficie. Al ritmo en que se reproducen y dado que no tienen depredadores, las ardillas no permiten el desarrollo adecuado del bosque porque, de manera natural, comen los pequeños brotes de las nuevas plantas y los frutos de los árboles.
Se ha tratado de eliminar la especie que se ha convertido en una plaga (la trepadora), incluso usando veneno, pero no se ha tenido éxito en parte porque las sociedades protectoras de animales consideran cruel eliminarlas y, en gran parte, porque los visitantes a los parques y bosques las alimentan. Mientras una especie cuente con suficiente comida seguirá reproduciéndose y el equilibrio no se recuperará. Otro peligro importante es que las ardillas son transmisoras de rabia y de leptospirosis y dado que sus colmillos crecen permanentemente durante su vida buscan la forma de reducirlos y puesto que en la ciudad su comida es blanda, buscan objetos que roer que pueden ir desde los cables de las instalaciones eléctricas públicas y domésticas. Así pues, una vez más es claro que cuando en la naturaleza se rompe el equilibrio entre las especies, animales y vegetales, se pone en peligro a muchos más. Por eso también es importante que los seres humanos no saquemos de su hábitat natural a las especies y que cuando en un sitio haya la indicación de no dar de comer a las ardillas, o a lo que sea, no lo hagamos. No es un asunto de ser “tiernos” con unos animalitos, es cuestión de respeto a la naturaleza.
[email protected] @10aRegiduriaTol


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