El Consejo de Seguridad de la ONU decidió extender hasta junio de 2015 el mandato de su fuerza de paz en Darfur, lo cual confirma que con pocas variaciones el peligro persiste en esa región sudanesa.
Esta zona en el occidente del país es escenario de un conflicto bélico desde 2003, cuando se desataron los choques entre los yanyauid (jinetes armados), miembros de las comunidades ganaderas árabes Baggara de los Abbala y los pueblos de raza negra, no Baggara.
Milicias de ambas partes desencadenaron una espiral de violencia que sacude toda el área, aunque se aclara que esa contienda no es confesional, ya que los contrincantes en su amplia mayoría son musulmanes. Hay analistas políticos que identifican el proceso como guerra racial, pero otros le conceden más peso al trasfondo económico.
Así presenta sus credenciales una guerra que por su importancia trascendió el escenario sudanés, para ser motivo de atención de las potencias representadas en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Aunque se desconoce la cifra total de muertes como consecuencia de la contienda, se estima que pudieran estar entre 400 mil y medio millón. Hasta Naciones Unidas toma en cuenta esos números para ofrecer una referencia de la letalidad del problema, que convirtió a más de dos millones de sudaneses en desplazados.
Lo que ocurre allí es un proceso que se remonta al siglo XIII, cuando la zona era sultanato independiente, categoría perdida en 1916 cuando el área se incorporó a Sudán, por entonces colonia británica. El negativo lastre de la colonización aún pesa en la dinámica de Darfur, a casi 100 años del evento histórico.
A partir del 2003 una red de organizaciones guerrillas, alrededor de una decena, combate tanto a las milicias del yanyauid como a las fuerzas del ejército sudanés. Otros implicados en la contienda son la Misión de la Unión Africanas y la ONU (Unamid).
En esta guerra convergen guerrilleros de varias tendencias ideológicas, el ejército y grupos de vándalos y, bien en lo interno, se mueven intereses en buena medida petroleros.
BALANZA INFIEL
La situación de conflicto en Darfur (Hogar de los fur) se remite a contradicciones causadas por la falta de paridad en la distribución de la propiedad, que según los guerrilleros siempre favoreció al segmento árabe de la población en detrimento de los restantes sectores.
No obstante, si en principio eso condujo a crear un ámbito cada vez más tenso y sangriento, otro elemento que lo empeoró fue el descubrimiento de petróleo en el subsuelo de la región.
"En abril de 2005, el gobierno sudanés anunció haber encontrado petróleo en el sur de Darfur, donde estimó que podría bombear, en plena explotación, 500 mil barriles por día", reportó William Engdahl en el sitio digital Global Research.
La producción de crudo es uno de los componentes del conflicto de la occidental región sudanesa. El 27 de diciembre de 2014, el presidente, Omar Hasáan al Bashir, inauguró un yacimiento en el este de Darfur, que producirá 10 mil barriles de crudo diarios.
Al Bashir agradeció a la compañía china Petro Energy el trabajo realizado junto con los nacionales en ese proyecto.
"Los chinos no han venido a nuestro país con condiciones políticas ni para saquear nuestras riquezas, sino para trabajar juntos y para que ellos y nosotros nos beneficiemos", afirmó el mandatario.
Para reforzar ideas, Al Bashir apuntó que "los enemigos de Sudán pensaron que el país se perdió después de perder el crudo del sur, pero el desarrollo continúa en los distintos campos y las fuentes de la vida no vienen ni de Estados Unidos ni de Israel ni de Europa, sino de Dios".
Lo anterior ilustra parte de la importancia estratégica en lo referente a recursos económicos de la zona integrada por tres estados: Darfur Norte, Darfur Sur y Darfur Oeste, aunque también se generan conflictos interétnicos debido a la competencia por los escasos recursos de la zona, en especial el agua dulce.
Darfur se ubica en la región del Sáhel, muy afectada por la desertificación desde la segunda mitad del siglo XX y sufre condiciones climáticas adversas.
EN DOHA, PAZ SIN CONCORDIA
Tras más de un año de negociaciones, el gobierno sudanés firmó en julio de 2011 un acuerdo de paz en la ciudad de Doha, capital de Catar, con el Movimiento de Liberación y Justicia, una de las guerrillas de Darfur que concentra a varias facciones opositoras.
El diálogo en Doha comenzó con el Movimiento de Justicia e Igualdad, el mayor grupo rebelde, que se reunió allí con representantes del gobierno sudanés en febrero de 2009. Después, en marzo de 2010, serían los encuentros de los representantes de Jartum con el Movimiento de Liberación y Justicia.
Las negociaciones se realizaban, pero hubo desavenencias entre las partes, por lo cual el proceso de paz fue tortuoso y, además, siempre en peligro de ser violado por el Ejército o la guerrilla.
Desde el mes pasado, el jefe de la misión conjunta de la ONU y de la Unión Africana en la región de Darfur (Unamid), Mohamad Ibn Chambas, informó que preveía realizar una reunión orientada a tratar de cerrar la brecha que separa a los grupos armados implicados en el conflicto para lograr una solución global.
La alocución de Ibn Chambas sucedió a noticias de medios de prensa, los cuales destacaban que las disputas entre comunidades Al Arziqat y Al Maalia en el estado de Darfur del Este causaron en el primer semestre del año 323 muertos y una cifra indeterminada de heridos.
Los combates tribales son otro tema que enreda la madeja, pues, conforme con la Oficina para Asuntos Humanitarios de la ONU en Sudán, obligaron a 400 mil personas a abandonar sus casa durante la primera mitad de este año.
LA ONU COMO CARTA
En una resolución presentada por el Reino Unido y aprobada por unanimidad, los 15 miembros del Consejo de Seguridad de la ONU acordaron a finales de agosto ampliar el mandato de la Unamid hasta el 30 de junio de 2015.
Esa Misión de Naciones Unidas y la Unión Africana continúa -desde su creación en 2008- desempeñando un papel de contención, pero las circunstancias en el terreno le obstruyen cumplir totalmente su mandato, pese a que el propio contingente reconoce una disminución de los enfrentamientos y de la violencia en general.
Ante la compleja situación de conflicto en Darfur, el Consejo reiteró que además de priorizar la protección de los civiles en todo ese territorio, la Unamid debe continuar avanzando hacia una actitud "más preventiva y anticipatoria", mejorando la alerta temprana.
La decisión del órgano de la ONU se remite a recurrir a un despliegue militar proactivo, así como a un patrullaje dinámico y eficaz en las zonas de alto riesgo y gran concentración de desplazados para responder con celeridad a las amenazas de agresiones contra las poblaciones civiles.
Para cumplir sus funciones hasta 2015 la Misión contará con un máximo de 15 mil 845 militares, mil 583 policías y 13 unidades de ese último cuerpo constituidas con hasta 140 miembros cada una, con lo se pretende establecer estándares de seguridad que posibiliten la supervivencia y la convivencia en el occidente de Sudán.
* Jefe de la Redacción de África y Medio Oriente de Prensa Latina


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