Darth Vader is in da house

El día de hoy apesta. No me siento motivado, satisfecho ni con ánimos de saludar a la gente. Vaya, estoy tan irritado que seguramente si nos cruzamos en la calle y me saludas me seguiré de largo porque no tengo la más mínima intención de interactuar con alguien. Siento cómo el enojo se aloja en mi columna vertebral. Está ahí; acumuladose en la espalda alta. No puedo darte una razón específica de porqué me siento así. Sólo desperté no queriendo ser funcional. Apuesto que también te has sentido como yo alguna vez.  No me mal interpretes, también estoy en un proceso
abril 30, 2018

El día de hoy apesta. No me siento motivado, satisfecho ni con ánimos de saludar a la gente. Vaya, estoy tan irritado que seguramente si nos cruzamos en la calle y me saludas me seguiré de largo porque no tengo la más mínima intención de interactuar con alguien. Siento cómo el enojo se aloja en mi columna vertebral. Está ahí; acumuladose en la espalda alta. No puedo darte una razón específica de porqué me siento así. Sólo desperté no queriendo ser funcional. Apuesto que también te has sentido como yo alguna vez. 

No me mal interpretes, también estoy en un proceso permanente para llegar a mi realización personal y alcanzar la plenitud; pero no podemos seguir ocultando el Darth Vader que vive en nosotros. Eso es sobre lo que quiero hablar hoy: sobre nuestro lado oscuro. 

Todo en el universo es dualidad. Hombre/Mujer; Natural/Artificial; Negro/Blanco; el Bien/Mal. La dualidad es lo que le da sentido y continuidad a la vida. La destrucción y creación son procesos necesarios en el desarrollo evolutivo de todo el universo. Por ejemplo, nuestros cuerpos descomponen complejas estructuras físicas para transformarlas en nutrientes y perpetuar la vida que habita en nosotros. 

La lección que extraigo de estos estados de ánimo, es que hay que aprender a abrazarlos y reconocerlos como un llamado de nuestro ser para atender patrones en nuestra conducta o salud que nos están afectando. Si sólo los anestesiamos, no sabremos reconocerlos a tiempo y el problema sólo se hará más grande. Y vaya que en esta época sabemos mejor que nunca cómo anestesiar nuestras sensaciones de malestar, tanto físico como espiritual.

Todos somos vida en busca de cuidar de los nuestros, de satisfacer nuestras necesidades biológicas, de ser felices a nuestro modo. Transitar el camino del enojo y la tristeza nos va a permitir sentir empatía con el otro; pero primero debemos saber manejarla en nuestro ser. Así, con un poco de suerte, sabremos que la maldad no se mitiga con maldad, sino con compasión y entendimiento. 

Es un tema complejo pero estoy seguro que si la humanidad aprendiera a canalizar las emociones negativas de manera personal y aprender a sanarse a si mismo, no buscaría transmitirlas al prójimo. Debido a que ya recorrimos ese oscuro camino, sabremos que lo que la otra persona necesita no es más violencia e ira. Necesita comprensión, empatía. Esto no quiere decir que tengamos que redimir al prójimo de sus errores y liberarlos de las consecuencias, no. Se trata de drenar el enojo de nuestros cuerpos, aprender a liberarnos rápidamente de él y ayudar a los demás a no seguir replicando este proceso de auto sabotaje. 

¿Quién que haya recibido amor, atención y valores en su formación terminó siendo una mala persona? Sé que es un tema delicado porque ¿cómo es posible responder con amor a quién más daño nos hace o nos irrita? Los alquimistas llaman “transmutación” al cambio de estado de un material o energía a otro. Transmutar de negativa a positiva nuestra energía y alcanzar paz interior está en nuestras manos. 

En mi caso, escribir me ayuda a canalizarlo ¿tú con qué lo harás? 

Feliz inicio de semana.

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