Hay una frase atribuida a Jesús Reyes Heroles de la que se recuerda sólo una parte: “en política, la forma es fondo”. Reyes Heroles dijo textualmente: “seremos inflexibles en la defensa de las ideas, pero respetuosos en las formas, pues en política, frecuentemente, la forma es fondo”. Lo dijo durante su discurso al asumir la presidencia del PRI, en febrero de 1972. El marco en el que incluyó la frase tenía que ver con el tipo de relación que proponía entablar con los opositores al régimen: decía que “la urbanidad en las relaciones políticas es requisito para la convivencia pacífica”, por eso proponía ser cuidadosos en las formas como se trataría a quienes pensaban distinto a los priístas. Sin embargo, su frase ha sido ocupada cada que es preciso referir los estilos, los modos, las formas en que los políticos hacen las cosas, deduciendo de ello el tipo de persona que es y la clase de dirigente de que se habla.
El breviario viene a colación para externar un comentario sobre las acciones de esta semana en la Legislatura local. Pero nos hace falta un dato histórico más para enmarcar mejor la reflexión: el 17 de abril de 1951, en una sesión extraordinaria, la entonces XXXVIII Legislatura del Estado de México aprobó la iniciativa que promovió el gobernador Alfredo del Mazo Vélez para expedir la Ley de Pensiones para los Empleados del Estado de México y Municipios. La iniciativa fue remitida a la cámara de diputados con una etiqueta: era el resultado de las gestiones realizadas por el Sindicato Único de Trabajadores del Estado de México y Municipios y la Organización de Profesores (SUTEyM y SMSEM) y ofrecía a los burócratas certeza sobre su retiro: una pensión que compensara la labor de toda una vida entregada al servicio público.
Ahora lo actual: esta semana la Cámara de Diputados del Estado de México aprobó una nueva ley de Seguridad Social para los trabajadores del gobierno del estado y municipios, propuesta por el nieto de aquel gobernador que creó la Ley de Pensiones. La aprobación fue con una celeridad inaudita, en medio de protestas en la calle, apenas alcanzando los votos necesarios y aprovechando las vacaciones de la mayoría de los derechohabientes del ISSEMyM. Los votos para conseguir la aprobación fueron fundamentalmente del PRI, del Partido Verde y de Nueva Alianza. La sesión se realizó a puerta cerrada, de forma apresurada (ni siquiera se leyó la iniciativa que se buscaba aprobar, dispensando ese trámite) y a sólo cuatro días de distancia de cuando fue propuesta por el Gobernador.
Son importantes estos detalles porque son precisamente la “forma”: la manda el titular del Ejecutivo, no va acompañada de una documentación amplia sobre las condiciones que guarda actualmente el ISSEMyM, sobre la responsabilidad de sus titulares y el propio Ejecutivo Estatal respecto a su “crisis”. No se convoca a los interesados (derechohabientes) para que expresen su opinión, ni se pide la opinión de expertos en la materia. Sólo se aprueba en cuestión de horas y punto.
La nueva Ley es una transformación radical del espíritu con el que nace el ISSEMyM, heredero de aquella Ley de Pensiones del gobernador Alfredo I. Pero para su nieto, Alfredo III, parece que ello no amerita ninguna otra reflexión o discusión que la mínima para luego pedir los votos de los legisladores. El futuro de cientos de miles de trabajadores del sector público estatal queda trastocado con este nuevo marco normativo, pero parece no importar siquiera que haya forma de escuchar qué piensan precisamente aquellos en quienes recaerá esta decisión. Recuérdese que Alfredo I promulgó la ley a raíz de las peticiones de los trabajadores. Alfredo III, en cambio, no estimó importante escuchar a esos trabajadores.
No es nuevo para nadie que el ISSEMyM viene operando de un tiempo atrás en condiciones críticas ¿Por qué? Eso no lo sabemos con certeza. ¿Hay alguien que no hizo bien su trabajo? También se ignora. ¿Hubo malos manejos y/o desvío de recursos que terminaron por ponerlo en la condición en que está? Es algo que ni siquiera fue tema en este miniproceso que culminó con la aprobación ya referida.
Y el comportamiento de los legisladores distintos al PRI también tiene que verse a detalle: abstenerse, no acudir a la sesión o tímidamente sugerir que no se estaban llevando adecuadamente los procesos, no basta para considerarlos oposición y representantes populares. El tamaño de la reforma que se ha hecho al ISSEMyM ameritaba que agotaran todos los medios para propiciar un estudio más amplio, una investigación y diagnóstico claro sobre los dineros de las pensiones de los trabajadores del Estado. Era necesario que presionaran de tal modo que el tema fuera discutido ampliamente, que hubiera oportunidad de que los burócratas fueran escuchados, de que los liderazgos sindicales y los expertos académicos enriquecieran la iniciativa para atender los problemas del Instituto en cuestión.
En suma, el modo en que se hizo habla del fondo: un modo de hacer política absolutamente autoritaria, opaca, vertical, soberbia, insensible y anacrónica. No hay otra forma de explicar lo que hicieron si se leen las maneras: hay en el decadente priísmo estatal todavía formas de hacer política que se corresponden con la época del abuelo del actual gobernador, Alfredo I. La diferencia es que en aquella época se convocó al Congreso Local a una sesión extraordinaria para dar vida a una Ley que reflejaba la “magnanimidad del mandatario” que “premiaba” a los servidores públicos con la certeza de una vejez tranquila, recibiendo una pensión; en tanto que hoy, el nieto de aquel gobernador, Alfredo III, quita tal certeza, elimina las pensiones en el esquema que fueron creadas y les dice a los servidores públicos que su retiro dependerá de lo que ahorren y que les administrará una Afore, aparte de que una porción de su ahorro será para pagar las pensiones de los ahora jubilados y pensionados. El dinero que era para ello simplemente se “hizo humo” y ahora hay que repartir la carga entre los de siempre, los trabajadores. Ahí está. La forma y el fondo.


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