Es el día uno de las campañas a gobernador en el Estado de México y los que vaticinan el futuro de la elección ya deberían saber que la transformación no inició en Atlacomulco ni en Tlalnepantla, si no en Texcoco con la maestra Delfina Gómez y un ejército de mexiquenses convencidos de que la esperanza se vota.
Estamos presenciado un momento inédito en la historia de la entidad, el pueblo mexiquense experimenta por vez primera la democracia participativa y convencida, Morena inicia la contienda como la gran fuerza política de la entidad, el único partido de oposición encabeza las encuestas de intención del voto con un 31.2 por ciento, por encima de los candidatos del PRI y PAN, cuyos porcentajes de votación apenas alcanzan el 24.7 por ciento y 18.4 por ciento respectivamente. En la elección de 2011 las fuerzas políticas limitadamente aspiraron a ser contrapesos al mal endémico priísta, a seis años de distancia, la mayoría poblacional rechaza de manera tajante el régimen de corrupción representado por dos intentos de candidatos: Josefina Vázquez Mota del PAN y Alfredo del Mazo III del PRI, carentes de todo liderazgo y cuyas estrategias son tambaleantes como su reputación.
A diferencia de ellos, la carrera de Delfina Gómez es impecable, está basada en conquistas democráticas, nunca ha perdido una elección y su presencia crece de manera progresiva, baste ver las encuestas realizadas en el último trimestre del 2016 por diarios nacionales en las cuales la maestra se ubicaba en un 17.8 por ciento y compararlas con las más recientes donde ha duplicado prácticamente el porcentaje de intención del voto. Si bien la historia del Estado de México no ha sido benevolente con los mexiquenses, está claro que ahora ellos están haciendo justicia por su cuenta. Delfina y los mexiquenses están poniendo a temblar a la presidencia de la república, al gabinete federal, al gobernador y demás compinches, al grado de que en menos de un mes se han convertido en simples operadores políticos del PRI.
La extinción del priismo es evidente, su desesperados intentos de sobrevivir se afianzan en la imposición familiar de un candidato enclenque sin la menor vocación política, que no existe sin las artimañas de su grupo político, su único mérito es ser primo de Peña Nieto y descendiente de exgobernadores, no sabe ganar elecciones, sus cargos públicos son producto del nepotismo y la corrupción. Por eso, aunque los priistas juren sobre la tumba del “grupo Atlacomulco” estar en la contienda, el mérito más reconocido de Alfredo del Mazo será darle el tiro de gracia al PRI.
Por otro lado, la panista Josefina Vázquez Mota inicia su campaña abandonada por su dirigencia nacional como en el pasado, lo que sería un inicio de campaña simbólico en Atlacomulco, la dejó como una visitante perdida en tierra desconocida. Esto es consecuencia de la carencia de liderazgo en dicho personaje y en el propio PAN, era de suponerse que una candidatura forzada a pesar de la corrupción que lleva a cuestas, tarde o temprano sucumbiría porque no aporta un mínimo de legitimidad. La situación de Vázquez Mota se torna cada vez más complicada, es un personaje político que simplemente no conecta con el pueblo mexiquense y no tiene capacidad política para ganar una elección, pues su carrera no está construida a base del voto de los ciudadanos, se ha acomodado a base de la meritocracia, la injerencia de grupos de poder y la corrupción. Un candidato sin respaldo político, ni moral, ni ciudadano, difícilmente puede crecer, bajo esas condiciones signa una caída estrepitosa en las próximas semanas.
Hoy comienza la transformación del Estado de México por la vía democrática, las condiciones están dadas, Morena representa el liderazgo del pueblo que cada día capitaliza miles de ciudadanos convencidos del cambio verdadero. Mientras los partidos del régimen siguen dando patadas de ahogados, el pueblo mexiquense escribe su nueva historia con la maestra Delfina Gómez como la primera gobernadora mexiquense.


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