La figura del Ombudsman fue adoptada en nuestro país cuando se crearon las Comisiones de Derechos Humanos, por allá de los años 90. Fue un término que se incorporó al léxico periodístico y académico cuando se argumentaba a favor de que se crearan esas instancias a las cuales la gente pudiera acudir a presentar una queja contra acciones del gobierno que transgredía derechos humanos. Aunque no se oficializó el término para referir a las instituciones creadas, sí se ocupó como un referente conceptual que capturaba la intención de su quehacer: defensor del pueblo.
En efecto, el término ombudsman, de origen sueco, había sido adoptado en España desde los 70s y se le tradujo como Defensor del pueblo. De ahí se cogió el referente y, acá en México y en América Latina, empezó a hablarse de lo importante y necesario que sería contar con un sistema de defensa de los derechos de la ciudadanía frente a los abusos de los agentes gubernamentales. Esto último porque habíamos pasado por regímenes autoritarios o francas dictaduras militares durante buena parte del siglo XX.

Así que en los últimos 30 años, por lo menos, ese término ha venido naturalizándose en el lenguaje y el discurso públicos y con mucha frecuencia se emplea para aludir a quien desempeña el cargo de Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos o sus homólogos estatales. Así es como se habla del «ombudsman» nacional o estatal. Incluso de forma posterior, el término se empezó a trocar por el de «ombudsperson», tratando de que fuera más inclusivo. Por ejemplo, hoy en México y en nuestra entidad, las titulares de las CNDH y de la CODHEM son mujeres y, para referirse a ellas, sería más pertinente el término de ombusdperson y no tanto el de ombudsman, cuya terminación (man) hace alusión al género masculino.
Pero, bueno, el término sin duda alude a un servidor(a) público cuya vocación y actuar deben ubicarlo del lado de la gente, de la ciudadanía, del pueblo. Se trata de una posición que requiere de una sensibilidad especial para escuchar y ver a las víctimas de los abusos contra las libertades y derechos; es un sitio desde el cual la atención y voluntad debe dirigirse a proteger al débil del poderoso, al ciudadano de la autoridad, al pueblo del tirano.

El comentario viene a cuento porque en las inéditas elecciones para renovar el Poder Judicial que se celebraron el pasado 1 de junio, se nos reveló qué tan impopular puede ser un defensor del pueblo. Desde luego, se trata de una ironía que quienes, en su momento, fueron designados por el Poder Legislativo de la entidad para desempeñarse como defensores del pueblo, no hayan obtenido en una elección popular ni siquiera el 1% de los sufragios.
En efecto, Jorge Olvera García y Myrna Araceli García Morón se postularon para ocupar un cargo en el Tribunal Superior de Justicia del Estado de México. Ambos aspiraban a una magistratura en materia civil, pero los dos se quedaron muy cortos en votos. Al momento en que elaboro esta columna, el conteo de los sufragios está en 86.3%; sin embargo, es claro que ni Olvera ni García lograrán su objetivo. En el primer caso, el escrutinio y cómputo de los votos le da el 0.71% y en el segundo, 0.92%.

Cuando se termine el conteo y se oficialicen los datos, quizá ambos alcancen el 1%, pero sin duda es un signo de lo impopulares que son. Y resulta paradógico tratándose de quienes se desempeñaron como defensores del pueblo. De entre las cosas que emergieron de nuestra muy suigéneris elección judicial, están casos como este, en donde dos personajes como ellos aspiraron legítimamente a ocupar un lugar en el Poder Judicial, pero no lograron el respaldo del voto. Lo más lógico es pensar que ambos se sintieron con la capacidad y méritos suficientes para someterse al escrutinio de las urnas. También se puede deducir que ambos creyeron que su desempeño como ombudsperson les daba una especie de legitimidad para ser incluidos en la boleta. Durante su campaña para obtener el voto no estuvo ausente la alusión a su pasado como defensores del pueblo, como garantes de los derechos de la ciudadanía. Sin embargo, esta última les dijo no. Ninguno de los dos estuvo ni siquiera cerca de competir con los punteros en tales comicios. Ninguno de los dos rebasa los 50 mil votos de un universo de 5 millones de votos contados al momento. Son realmente magros sus resultados.
Creo que ahora podrán ellos evaluar qué tanto defendieron al pueblo cuando se les encomendó tal tarea. En este mismo espacio hemos comentado cómo el número de quejas y de recomendaciones emitidas por la CODHEM cayó dramáticamente desde que Olvera García llegó al encargo y como esa misma tendencia se mantuvo con García Morón. Seguro que algún aprendizaje sacarán ambos de este proceso. Sería interesante conocerlo. Pero desde acá se observa que en la vida no se trata de alcanzar algún puesto, sino de qué se hace estando en él.

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