Delmacista por delmacista

  • Delmacista por delmacista en el TRIJAEM;
  • Trayectoria con sello priista;
  • El Verde tantea la salida;
  • Continuidad que inmoviliza;
  • La autoridad en disputa.

Delmacista por delmacista en el TRIJAEM

Se fue Gerardo Becker de la presidencia del Tribunal de Justicia Administrativa del Estado de México, identificado en el tablero como priista delmacista, y el relevo fue inmediato y sin sobresaltos: Luis Eduardo Gómez García, abogado, ex Procurador de Protección al Medio Ambiente del Edomex, con el mismo ADN político. No hubo ruptura ni reacomodo: hubo continuidad. El mensaje para la clase política es claro: el TRIJAEM ha operado como dique frente al combate a la corrupción del pasado y del presente, más administrador del conflicto que corrector del sistema. Ojalá el cambio no sea solo de personas sino de criterios y actuaciones. Porque cuando el relevo conserva la genética del poder, la expectativa no es justicia, es control.

**

Trayectoria con sello priista

Hombre sentado en una mesa, vestido con un traje a cuadros azul y corbata naranja, mirando hacia un lado mientras se apoya en sus manos. Hay vasos y un menú en la mesa.

La biografía política de Gómez García no admite demasiadas interpretaciones. Trabajó con Alejandro del Mazo y de ahí transitó al Edomex de la mano de Alfredo del Mazo Maza, quien lo colocó como Procurador de Protección al Medio Ambiente y, en 2022, lo envió al TRIJAEM como magistrado por un periodo de diez años. El dato fino está en el Congreso: su nombramiento fue aprobado por la mayoría de los diputados de Morena, en un momento donde la transición se administró con pragmatismo y no con ruptura. Es un abogado ambientalista con buena reputación técnica, pero su filiación priista ha sido —y sigue siendo— inocultable. El único puente visible con la 4T fue una colaboración con El Soberano, medio afín al movimiento, fundado por César Faz Ruelas, hoy operador de confianza de Horacio Duarte Olivares. Demasiado delgado para hablar de conversión; suficiente para explicar la tolerancia.

**

El Verde tantea la salida

El Partido Verde Ecologista de México empieza a comportarse como quien mide la distancia a la puerta. Aliado eficaz de Morena en el proyecto de transformación nacional y estatal, hoy endurece postura y marca diferencias justo cuando se discuten reformas clave. No es ideología, es cálculo. En ese movimiento conviene saber qué piensan Pepe Couttolenc, Eruviel Ávila y Luis Miranda Jr., todos con pasado priista y hoy vestidos de verde. Si el PVEM deja de ser satélite cómodo y decide jugar solo, puede mutar de aliado funcional a adversario electoral en 2027, sobre todo, en territorios donde Morena no tiene resuelta la sucesión. El Verde sabe sobrevivir: cuando la coalición deja de rendir dividendos, el partido ensaya autonomía. La pregunta no es si puede hacerlo, sino cuándo y a qué costo para la aritmética electoral de Morena.

**

Continuidad que inmoviliza

Visto en conjunto, el tablero mexiquense muestra una constante: rotación de nombres, persistencia de lógicas. El TRIJAEM cambia de presidencia sin alterar su papel político; el Verde marca distancia sin romper del todo; y los viejos equilibrios se administran con cuidado quirúrgico. No hay ruptura sistémica, hay contención. Para la clase política, el mensaje es reconocible: el sistema se ajusta para no desbordarse, incluso cuando el discurso promete transformación. En ese contexto, las instituciones no avanzan al ritmo del mandato popular, sino al paso que permiten los acuerdos heredados. La estabilidad, aquí, sigue siendo el valor supremo.

**

La autoridad en disputa

Hombre mayor vestido con un traje oscuro, sentado en un sofá, gesticulando mientras habla.

El regreso de Higinio Martínez Miranda al Senado no es institucional, es político. La entrevista no buscó informar, buscó marcar jerarquías. Cuando dice “coordinación sí, subordinación no”, lo que en realidad hace es regatearle autoridad a la gobernadora; colocarse no como parte de un mismo proyecto, sino como par en el mando. Es un gesto de soberbia política, viejo reflejo de quien concibe el poder como patrimonio personal y no como mandato colectivo. Desde la Cámara Alta, Higinio no anuncia acompañamiento, anuncia condicionamiento. No vuelve para sumar, vuelve para medirse. Y, cuando un senador necesita recordarle públicamente al Ejecutivo estatal que no se subordina, el mensaje no es fortaleza institucional: es disputa interna adelantada.

Te recomendamos