Las oficinas del Instituto Electoral del Estado de México guardan una sobriedad institucional que contrasta con el peso político de las decisiones que ahí se toman. Entre salas de sesiones, pasillos silenciosos y la rutina técnica de una institución que este año cumple tres décadas de existencia, Amalia Pulido Gómez recibe la conversación con una mezcla de calma y precisión.
El momento no es menor. México vuelve a discutir una reforma electoral, el costo del sistema democrático está en el centro del debate público y el Estado de México —la entidad con el padrón electoral más grande del país— se prepara para un nuevo ciclo electoral que culminará en 2027.
Desde ese contexto comienza su diagnóstico.
Para Pulido, la democracia mexiquense no puede definirse aún como un sistema plenamente consolidado, pero tampoco como una democracia atrapada en el pasado.
“La democracia mexiquense ha vivido una transición importante en los últimos años”, explica.
La alternancia política ocurrida en 2023, en un estado gobernado durante décadas por un solo partido, representa —a su juicio— un punto de inflexión tanto en la relación entre ciudadanía y gobierno como en la forma de entender la competencia política en la entidad.
Pero esa transición, advierte, no significa que el sistema haya alcanzado su madurez plena.
Juventudes y cultura cívica
Uno de los pendientes centrales, señala, es la construcción de una cultura cívica más sólida, particularmente entre los jóvenes.
Pulido reconoce que muchos ciudadanos participan en su primera elección al obtener la credencial para votar, pero esa participación no siempre se mantiene en los procesos posteriores.
Por ello insiste en que la formación democrática debe comenzar desde las infancias.

“La democracia no es solo ir a votar”, resume.
A su juicio, el fortalecimiento democrático implica también apropiarse de valores como la tolerancia, el respeto a la pluralidad y la participación en lo público.
El debate sobre el costo electoral
La conversación inevitablemente llega al tema que hoy domina buena parte del debate político: el costo del sistema electoral.
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Pulido reconoce que el modelo electoral mexicano fue construido sobre una lógica de desconfianza histórica entre actores políticos y ciudadanía.
Esa desconfianza llevó a establecer mecanismos robustos de verificación, seguridad y control que encarecen los procesos.
Las boletas electorales, por ejemplo, incluyen múltiples medidas de seguridad para garantizar su autenticidad.
Sin embargo, también reconoce que existe una demanda social legítima de eficientar el sistema.
“La austeridad es necesaria, pero no podemos caer en la precariedad”, advierte.
El desafío —explica— consiste en reducir costos sin comprometer la certeza ni la calidad de los procesos electorales.
Entre las posibles rutas menciona avanzar gradualmente hacia el voto electrónico, lo que podría disminuir gastos en materiales y logística electoral.
El dinero de la política
Durante la conversación surge un dato que suele pasar desapercibido en el debate público: el mayor gasto del sistema electoral no está en la operación de los institutos electorales.
Pulido explica que, en el caso del Estado de México, la mayor parte del presupuesto corresponde al financiamiento público de los partidos políticos.
De un presupuesto cercano a 1,700 millones de pesos, alrededor de mil millones se destinan a prerrogativas partidistas.
El resto corresponde a la operación institucional y a la organización de los procesos electorales.
Reducir esos recursos, reconoce, es una demanda ciudadana recurrente.
Pero advierte que cualquier reducción debe acompañarse de mecanismos estrictos de fiscalización para evitar que intereses privados sustituyan al financiamiento público.
Autonomía del instituto
Otro de los temas abordados durante la conversación es la autonomía de la autoridad electoral.
Pulido sostiene que durante su gestión el Instituto Electoral del Estado de México ha trabajado con plena independencia.
“Jamás he recibido ninguna presión externa”, afirma.
La función del instituto, explica, es estrictamente técnica: organizar elecciones y generar certeza para ciudadanía, partidos y actores políticos.
Un consejo integrado por mujeres
Actualmente el Consejo General del IEEM está conformado exclusivamente por mujeres.

Pulido considera que esta composición refleja cambios importantes en la vida pública del estado, donde cada vez más espacios de liderazgo institucional son ocupados por mujeres.
En su opinión, esto también envía una señal importante sobre la evolución de las instituciones democráticas.
El momento más difícil
Cuando la conversación se mueve al terreno personal, Pulido recuerda que el inicio de su gestión estuvo marcado por presiones y expectativas elevadas.
El episodio más complicado ocurrió durante el registro de candidaturas del proceso electoral de 2024, cuando el Consejo General decidió no registrar candidaturas que no cumplían con acciones afirmativas de género.
Aquella decisión generó tensiones políticas y críticas públicas.
“Fue un momento muy complejo”, admite.
El reto de 2027
La siguiente gran prueba para el Instituto Electoral del Estado de México ya está en el horizonte.

El proceso electoral de 2027 implicará organizar elecciones concurrentes en la entidad con el padrón electoral más grande del país y en un contexto de recursos limitados.
Pulido asegura que el instituto ya trabaja en la preparación de ese escenario.
“Más que preocuparnos, estamos ocupándonos”, dice.
Antes de concluir la conversación, lanza una invitación directa a la ciudadanía.
“Este es su instituto. Apropiénse de él”.
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Escucha la conversación íntegra:

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