Democracia para imbéciles

Por: @resdramaticae Últimamente, cuando platico con alguno de mis amigos o conocidos, viene de pronto la pregunta obligada “¿Y ya sabes por quién vas a votar?” Entonces empiezo a sudar frío y a pensar que soy un verdadero imbécil. Recuerdo que recuerdo las nociones primitivas de la democracia; después me figuro, con todo el candor de mi corazón, las formas geométricas que en las acepciones contemporáneas aparecen cuando se habla de la democracia como un sistema de equilibrios y contrapesos. Vuelvo a sentirme inteligente, superior al promedio nacional. ¡Pero qué elegancia! ¡Pero cuánta claridad en mis ideas! ¡Pero qué bonito
junio 9, 2018

Por: @resdramaticae

Últimamente, cuando platico con alguno de mis amigos o conocidos, viene de pronto la pregunta obligada “¿Y ya sabes por quién vas a votar?” Entonces empiezo a sudar frío y a pensar que soy un verdadero imbécil. Recuerdo que recuerdo las nociones primitivas de la democracia; después me figuro, con todo el candor de mi corazón, las formas geométricas que en las acepciones contemporáneas aparecen cuando se habla de la democracia como un sistema de equilibrios y contrapesos. Vuelvo a sentirme inteligente, superior al promedio nacional. ¡Pero qué elegancia! ¡Pero cuánta claridad en mis ideas! ¡Pero qué bonito es vivir en México y no en una república bananera o en Siria! Y vuelvo a sentirme un imbécil que no sabe apreciar la sinfonía de las instituciones y sus esfuerzos republicanos.

Aguijoneado por la curiosidad de mi interlocutor decido iniciar una investigación: personajes, actores, instituciones, historias, camarillas, empresas, espectros, estadísticas, organizaciones, activismos, partidos, trasfondos, reportajes… ¡carajo! Empiezo a creer que necesito una beca de manutención mientras investigo y un par de años más para llegar menos impresentable a las urnas de mi colonia y forjar el futuro de mi país. Esto de ser ciudadano responsable exige demasiado; no sé si estoy dispuesto. Me da miedo convertirme en una cosa de esas que llamamos chairo (reschaira) y andar por ahí pregonando el evangelio de mi convencimiento.

Por otra parte también me seduce mantener el estado de las cosas; dejarme llevar suavemente y que se preocupen los que no tengan padrinos políticos, los que no tengan apellidos chonchos; que se preocupen los que no le hicieron caso al coach ontológico y no se dieron cuenta que el asunto está en ellos. 

Yes I can! Yes I can! Yes I can! Yes I can! Yes I can! Yes I can! Yes I can! Yes I can!

Ahora ya sé porqué me siento disminuido en este tema; si estoy en este medio es porque soy un verdadero intelectual, un opinólogo en ciernes, un fast-thinker municipal. ¿Y si soy eso entonces por qué no tengo una respuesta a tan sencilla pregunta? Seguro no hice bien mi tarea; si todo está tan claro. Escuchamos y leemos en muchos lugares que el arroz ya está bien cocido, en su punto. Viene un vendaval de esperanza y regeneración desde el Usumacinta y nadie lo va a parar: todos los del #Tec lo saben, lo saben; los de #TercerGrado lo saben, lo saben; los de #Canacintra lo saben, lo saben; los que están abajo lo saben, lo saben; los que están arriba lo saben, lo saben; hasta #GoldmanSachs lo sabe, lo sabe; ya hasta en el #Azteca lo saben, lo saben. 
Parece que soy el único imbécil que no lo sabe y, bueno, los lamentos de algunos en torno a este triunfo cantadísimo, parecen ser más elocuentes que los triunfalistas mismos. #AMLO podría reclutar y rodearse de las mentes más perversas de su generación y aún así no perdería un sólo voto.

¿Cuál es el diferendo, entonces? ¿Pa’qué tanto brinco estando el suelo tan parejo? Para eso sí tengo una respuesta: un fantasma recorre todo México, es el fantasma del fraude. Recientes publicaciones, y una cantidad muy diversa de voces, han estado señalando el flujo irregular de dinero hacia las instituciones que más presión saben ejercer en estos momentos, el clientelismo es el verdadero voto duro, dicen los que hacen las cuentas desde ahora. Un país con la Paca, un túnel que atraviesa toneladas de concreto, basura combustible que desintegra cuerpos, una docena de Aburtos,  y un chupacabras, un país asi es muchas cosas menos inocente. 

Yo me declaro imbécil, y desorientado, receptivo, desesperanzado, confundido, aturdido. Me pregunto hacia dónde apunta el guión en este momento y me consuelo pensando que el amor al dinero hace cosas grandiosas en el mundo; quien ama al dinero es incapaz de dejar que las cosas ocurran al azar. Vaya consuelo el mío; al menos creo, en mi profunda imbecilidad, que nadie va a dejar en mis confusas cavilaciones el destino del país. ¿Tú sí? ¿Por qué?

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