Desgaste y viejos fantasmas

Malos gobiernos, lluvias que ponen todo a prueba, sospechas de enriquecimiento inexplicable y el regreso de los viejos mandarines del poder.
agosto 9, 2025

La Revolución de los vicios

En el Estado de México, el mayor desgaste de Morena no proviene de la oposición, sino de su propio desempeño en varios de los 60 municipios que administra. El relevo de partido apenas significó un cambio de logotipo: persisten el amiguismo en la asignación de puestos, la opacidad en los contratos, las obras públicas inconclusas y los presupuestos inflados. Lo que se vendió como “transformación” quedó en una repintada guinda sobre estructuras corroídas. La expectativa de cambio se evapora cuando la experiencia ciudadana contradice los discursos de campaña. Los números confirman la tendencia: en encuestas locales, alcaldías clave reportan caídas de hasta diez puntos en aprobación y confianza. El riesgo no es abstracto: la erosión es interna y, de seguir así, la guinda podría oxidarse mucho antes de que llegue la próxima boleta electoral.

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Del diagnóstico al desastre

En numerosos municipios mexiquenses gobernados por Morena, los problemas cotidianos que más afectan al ciudadano siguen sin resolverse: baches que se vuelven cráteres, recolección de basura irregular, alumbrado público deficiente, caos en la vía pública y un desorden administrativo que huele a corrupción. La incompetencia y la negligencia se mezclan en una gestión que, aunque lleva poco tiempo en el cargo, ya acumula frustración social. Las expectativas eran altas; la campaña prometió una transformación inmediata en la calidad de vida. Sin embargo, el tropiezo parece venir de origen: no es necesariamente falta de voluntad, sino un diagnóstico equivocado de las verdaderas causas de la degradación urbana. En vez de atacar el problema estructural, se optó por paliativos y discursos, dejando claro que la transformación no se construye con slogans, sino con gestión eficaz, algo que aún no llega.

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Lo peor está por caer

En el Estado de México, la temporada de lluvias suele cerrar a mediados de octubre, pero lo más complicado apenas se avecina. Los próximos días serán duros para quienes menos tienen, pues las inundaciones, deslaves y daños a viviendas se ceban en comunidades con infraestructura precaria. También implicarán un enorme desgaste para los gobiernos municipales y, sobre todo, para el estatal, que será el principal receptor de las exigencias ciudadanas y el escrutinio público. La resiliencia, la paciencia y la comprensión social son bienes cada vez más escasos; el margen de error se reduce con cada tormenta. Aun así, es justo reconocer que, con todas sus fallas, errores y omisiones, el segundo piso de la 4T ha dejado un Edomex más preparado que en administraciones anteriores. Falta mucho, pero la comparación histórica no miente: antes, la lluvia era sinónimo de abandono absoluto; hoy, al menos, existe respuesta.

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El lujo de la sospecha

En la conversación política local, un tema crece con velocidad incómoda: el presunto súbito e inexplicable enriquecimiento de la secretaria de Salud, Macarena Montoya. La evolución de su patrimonio, según señalan fuentes políticas y registros no oficiales, no guarda relación lógica con sus ingresos como funcionaria pública. De confirmarse, no sería un simple caso de opacidad administrativa, sino una traición directa a la confianza de la gobernadora Delfina Gómez, quien la colocó en un área estratégica de su gobierno. La versión más repetida asegura que, ya en el cargo, Montoya habría adquirido una residencia en el exclusivo fraccionamiento Portofino, en Metepec, con un valor superior a los 10 millones de pesos. En un estado donde los hospitales siguen enfrentando carencias de insumos y personal, el contraste es devastador. Las explicaciones no se pueden postergar: el silencio, en política, siempre agrava la sospecha.

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Mandarines de bolsillo

En Metepec, la figura de José Manzur ilustra un problema más amplio: la persistencia de operadores políticos formados en las peores prácticas del viejo régimen, que siguen encontrando espacio y utilidad en el PRIAN. Su trayectoria, marcada por el uso del poder para construir fortunas personales y redes clientelares, revela cómo ciertos actores se reciclan sin cambiar de métodos. Hoy busca influir de nuevo en la vida política local, no a través de liderazgo social o propuestas, sino mediante recursos económicos y estrategias de ingeniería electoral probadas durante décadas. Es el reflejo de un sistema que, pese a los cambios de partido y de narrativa, no termina de desmontarse. Mientras estos personajes conserven poder de negociación y capacidad de financiar campañas, el relevo democrático seguirá siendo más una sustitución de apellidos que una transformación real.

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