Han pasado más de tres meses desde que las lluvias cubrieron San Lucas Tunco, en Metepec, y la comunidad aún intenta recuperarse. Las viviendas afectadas, los muebles perdidos y los caminos intransitables son parte del paisaje cotidiano en una zona rodeada por el río Lerma y la ciénega, cuerpos de agua que, con cada tormenta, amenazan con volver a desbordarse.
La tragedia, sin embargo, no fue inevitable. En entrevista con AD Noticias, Liliana Romero Guzmán, doctora en Diseño y profesora de tiempo completo en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UAEMex, explicó que la falta de un plan previo de prevención y la creciente urbanización desordenada agravaron el impacto de las lluvias. Cada año, dijo, las superficies pavimentadas aumentan y las áreas verdes se reducen, lo que impide que el suelo absorba el exceso de agua.




Una gestión que no llega a todos
En los recorridos realizados por este medio se constató el escaso apoyo que llegó a la zona: apenas 120 vacunas, algunos kits de limpieza, despensas y botas, todo conseguido tras insistentes exigencias vecinales. La ayuda no surgió de una acción directa del Ayuntamiento, sino de la presión de los propios habitantes.
De acuerdo con testimonios, un representante municipal con contacto directo con el alcalde acudió al lugar para atender algunas peticiones urgentes, como la instalación de bombas para extraer el agua acumulada o el suministro de material fresado para habilitar caminos. Las acciones, sin embargo, fueron insuficientes y reactivas.
La académica señala que lo ideal habría sido contar con un plan integral de prevención, capaz de anticipar este tipo de emergencias. La ausencia de planeación, afirma, provocó que la comunidad se inundara con mayor intensidad que en años anteriores.
“Tal vez se imaginen soluciones basadas en obras civiles —más drenaje, más tubos—, pero lo que realmente se necesita es infraestructura verde o azul”, explica.
Estos sistemas buscan aprovechar el agua de lluvia y los escurrimientos naturales para beneficio del entorno.




Más pavimento, menos soluciones
Romero considera que las medidas implementadas por el gobierno local, como la entrega de costales o jornadas de vacunación, resultan limitadas cuando no van acompañadas de una estrategia de fondo. Propone sustituir la lógica de “reaccionar” por la de “prevenir”, a través de proyectos que combinen ingeniería y ecología urbana.
La especialista menciona ejemplos de infraestructura verde, como jardines de lluvia, canales de infiltración y pavimentos permeables, que permiten que el agua regrese al subsuelo en lugar de estancarse. También plantea la posibilidad de humedales artificiales o lagunas de regulación que retengan temporalmente el exceso pluvial.
“Existe incluso un modelo, la ciudad esponja desarrollada en China, que busca imitar la capacidad natural del suelo para absorber el agua y canalizarla hacia ríos o cuerpos naturales, evitando afectaciones a las viviendas”, explica.
Aunque su implementación implicaría una inversión de millones de pesos, su costo sería similar al de la infraestructura tradicional, pero con beneficios mucho mayores a largo plazo.



El reto de construir diferente
En San Lucas Tunco, los vecinos continúan organizándose para limpiar canales y habilitar caminos. Lo hacen sin apoyo constante y mientras observan cómo los recursos municipales se concentran en obras visibles dentro de las zonas urbanizadas de Metepec.
Romero sostiene que la cooperación entre comunidad, autoridades y sociedad civil es fundamental para avanzar hacia soluciones sostenibles. También insiste en fomentar una cultura de limpieza y prevención, especialmente durante la temporada de lluvias.
“Las lluvias seguirán ocurriendo, y los fenómenos pueden intensificarse por la deforestación y el exceso de pavimento. Debemos cambiar la forma en que construimos ciudad», advierte.
San Lucas Tunco permanece entre charcos y promesas incumplidas. Las inundaciones de este año no solo dejaron pérdidas materiales, sino que expusieron la distancia entre la planeación urbana y las necesidades de las colonias más vulnerables de Metepec: una desigualdad que también se mide en centímetros de agua.




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