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Desprendimiento de rocas en el Cerro de Chiquihuite no es el primero… ni el último: geólogo

La única solución para evitar que una tragedia cobre vidas es “mover a las personas directamente

El desprendimiento y deslizamiento de rocas del Cerro del Chiquihuite —que el pasado viernes acabó con la vida de una persona y mantiene sepultada a una familia— no es el primero que se registra en la zona; tampoco será el último, explicó en entrevista Alejandro Salazar Méndez, geólogo del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

Desde la década de los 80 se realizaron diversos trabajos de investigación, tesis y artículos sobre los fenómenos de deslizamiento en los diversos cerros que forman parte de la Sierra Guadalupe —compartida por los municipios de Tlalnepantla, Ecatepec y la alcaldía capitalina Gustavo A. Madero—. Estos cerros son el Chiquihuite, Tenayo, Zacatenco, Puerto, entre otros.

“Protección Civil de toda la Sierra Guadalupe ya había hecho estudios sobre deslizamiento, porque no es un evento nuevo. Hay tesis y trabajos de investigación que se desarrollaron en la Sierra de Guadalupe”, detalló Salazar Méndez.

El geólogo del IPN es experto en el tema y también es vecino de la colonia Lázaro Cárdenas, donde ocurrió la tragedia que destruyó al menos diez viviendas y puso en peligro a ochenta.

“Se hacía caso omiso y se quedaban como archivados, como otra investigación más, otra tesis, o un artículo más. Lamentablemente las condiciones y eventos que tuvimos esta semana de lluvias intensas y un sismo condujeron al desprendimiento de rocas”, señaló.

Salazar Méndez explicó que el riesgo existe desde el momento que se da la urbanización del cerro. “El evento va a pasar —el deslizamiento de rocas—. La cuestión es que algo natural se vuelve riesgoso porque ya hay vidas humanas de por medio”.

Ante este fenómeno, Méndez consideró que no se puede hacer mucho: “Aunque se identifique el lugar donde caerá el fragmento de roca, detenerla es bastante complicado porque no hay tecnología moderna que sea capaz de detener un bloque de toneladas”.

Con ese panorama, la única solución para evitar que una tragedia cobre vidas es “mover a las personas directamente; ni anclas o muros de contención serían suficientes. Es como una inundación, no la puedes detener con nada”, dijo el experto.

Desde su cuenta de Twitter, el geólogo alertó sobre otras zonas de riesgo ante los desprendimientos de rocas en las laderas del Cerro del Chiquihuite.

Asimismo, evidenció que “en la actualización del Mapa Nacional de Susceptibilidad por Inestabilidad de Laderas (CENAPRED, 2020) el riesgo en el Cerro del Chiquihuite ya estaba marcado como ‘Muy Alto’ para estos eventos”.

Salazar también apuntó que “la investigación sobre los riesgos geológicos en México aún está en proceso de maduración y aún falta mucho para formar la conciencia sobre estos fenómenos”.

La “cascada” y el sismo de unos días antes”

Tres días previos al reciente desprendimiento de rocas de la parte del cerro —que forma parte de Tlalnepantla—, usuarios de redes sociales y vecinos de la zona reportaron la formación de una cascada durante la jornada de las intensas lluvias que tuvieron lugar en el Valle de México desde el lunes pasado. “Seis cascadas las que hay en el Cerro”, relató una mujer a través de un video.

Una usuaria de Twitter hizo una publicación respecto a las lluvias y el sismo ocurrido el martes 7 de septiembre.

“El martes por el sismo, y durante quince días estuvimos con muchísima agua. Y más que nada, la parte donde estamos nosotros cae la cascada. No podemos con la naturaleza”, compartió Miguel Ángel, quien fue desalojado junto a su familia y llevado a un albergue, tras el derrumbe.

En entrevista a medios de comunicación, el investigador del Instituto de Geofísica e ingeniero Carlos Valdés dijo que estos fenómenos de desprendimiento de roca ocurren en algunos casos de forma natural.

El investigador coincidió en la relación que el deslizamiento del pasado viernes tuvo con la caída de agua, “la cual se va adentrando en pequeñas fracturas, y lastima la roca hasta que se vence”. “La parte del sismo que ocurrió el martes por la noche también pudo haber ayudado”, confirmó.

Un tema casi tabú entre vecinos

La perspectiva del ser humano es que, si pasa mucho tiempo sin que un accidente ocurra, se cree que no va a suceder nunca. Sin embargo, se trata de fenómenos que pueden pasar en cuestión de años, décadas, milenios e incluso siglos. “Es muy probable que vuelva a ocurrir, pero no sabemos cuándo”.

Por ejemplo, “a principios del año 2000, en la cara oeste del Cerro — que pertenece a la alcaldía Gustavo A. Madero, de la Ciudad de México— empezaron los desprendimientos de roca. La cuestión es que las condiciones de sequía e incendios forestales detuvieron la roca de gran tamaño”, recordó el geólogo Alejandro Salazar.

En el caso reciente de Tlalnepantla, la lluvia atípica fue uno de los eventos que propiciaron el deslizamiento; además de que no cuenta con anclaje o muro de contención que al menos disminuya el riesgo.

El fenómeno del desprendimiento de rocas es muy común en los cerros, y este se convierte en un problema cuando comienza a poblarse la zona. Y un problema mayor —casi imposible de resolver — “es mover a las personas que ya compraron su patrimonio ahí”.

Como habitante y vecino de la colonia Lázaro Cárdenas, Salazar Méndez recuerda que estas colonias empezaron a fraccionarse a finales de los 70. Son tres generaciones de familias las que han vivido en el lugar. “El problema no es nuevo, pero la gente se acomoda a vivir con eso… un pequeño deslizamiento, una pequeña roca de vez en cuando”.

“Cuando tenía 8 años me acuerdo perfectamente que hubo un deslizamiento en la misma zona, y se pensaba que la mitad de la colonia sería arrasada”. En esa ocasión, las rocas no siguieron su camino de deslizamiento, y se detuvieron.

Hablar del tema entre vecinos no es fácil. Incluso “es un tema un poco tabú”. Además, para un geólogo no es sencillo decirle a su familia que su casa, su patrimonio,  se vendrá abajo en cualquier momento.

“Me preocupa mucho porque tengo familia más abajo del lado del deslizamiento, y a tres o cuatro cuadras. Fui a sus casas, y como familiar les comentaba, pero es complicado decirle a tu familia que su casa se va a caer. Me generaba ansiedad porque sabía que iba a pasar”, compartió el experto durante la entrevista.

Aún más difícil es el hecho de llevar a cabo un cambio de residencia. El experto destacó que los costos “estratosféricos” de terrenos y renta de viviendas en la zona baja del Valle de México y de la capital del país orillan a familias enteras a vivir en los cerros.

El experto recomendó mantenerse en alerta, y que las autoridades realicen un análisis detallado de la zona para delimitar las estructuras”.

Antecedentes registrados

El Atlas de Riesgos para Tlalnepantla publicado por la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu) destaca que en el municipio existen antecedentes de desprendimiento de rocas en la zona:

“El territorio municipal de Tlalnepantla de Baz ha sido afectado por distintos fenómenos geológicos e hidrometeorológicos, de los cuales destacan las caídas de rocas, así como las inundaciones. Las caídas de rocas han sido una constante, ya que una parte del polígono municipal se ubica en zonas montañosas, como el cerro Tenayo y Petlecatl; así como parte del cerro del Chiquihuite, en los cuales, por su geología, se encuentran una gran cantidad de rocas, estas propensas a caer en algún momento”.

La elevación del Cerro del Chiquihuite llega a los 2 mil 650 metros sobre el nivel del mar.  Aunque solo la cuarta parte se ubica en el municipio de Tlalnepantla, “en las faldas del cerro se localizan diversos asentamientos humanos, particularmente en la zona oriente; por ejemplo, la colonia Lázaro Cárdenas”, se lee en el documento.

Respecto a la densidad de la población, el Informe detalla que “Las zonas con más densidad de población se encuentran ubicadas en esta zona oriente, precisamente en las faldas de los mismos cerros Petlecatl y Chiquihuite, colindando con el municipio de Ecatepec de Morelos, en donde también abundan suelos inestables”.

Por otro lado, el Atlas Municipal de Riesgos 2019-2021 publicado en la Gaceta Municipal del 26 de abril de 2019 establece que: “Las principales elevaciones de la Sierra de Guadalupe dentro del municipio son los cerros del Chiquihuite, Tenayo, Tianguillo, Zacatenco”, entre otros.

Casi el 90 por ciento del territorio de Tlalnepantla está urbanizado: De los 83.7 km2 totales, solo 15.50 km2 corresponden al suelo no urbanizado, el cual se encuentra conformado por la Sierra de Guadalupe.

Otros derrumbes

El geólogo Alejandro Salazar destacó que en días recientes otro cerro cercano experimentó un flujo de lodo y desprendimiento de rocas en la colonia San Miguel Chalma, en los límites entre Tlalnepantla y la alcaldía Gustavo A. Madero.

Además, el 7 de septiembre se reportó un derrumbe en el Cerro Gordo — también perteneciente a Sierra Guadalupe— en el municipio de Ecatepec. Sobre este caso, el subsecretario general de Gobierno del Estado de México, Ricardo de la Cruz Musalem, declaró que “Hubo un deslave, afortunadamente no tuvimos víctimas, no tenemos pérdidas de vidas ni personas lastimadas, es una cantera que está desocupada, abajo había viviendas, pero el deslave no llegó ahí”.

En la reciente semana de lluvias atípicas en el Estado de México, a partir del 5 de septiembre, también se registró la caída de piedras de un cerro ubicado en Temascalcingo, al sur de la entidad. https://twitter.com/MortalTerror/status/1436493368310304804