Tomás Gabriel Crisanto pasó injustamente 13 años en el Centro Penitenciario y de Reinserción Social de Almoloya de Juárez. Fue acusado por un homicidio que no cometió. La lucha de sus compañeros y sus familiares logró que él pudiera recuperar su libertad este 17 de febrero.
Detrás de la resolución de la Sala de Asuntos Indígenas del Poder Judicial del Estado de México, está el colectivo Haz Valer Mi Libertad, el Centro Zeferino Ladrillero y las personas cercanas a Tomás Gabriel, quienes presionaron hasta que las autoridades cumplieron con la amnistía que se le otorgó en marzo de 2025.
A su salida, el indígena otomí fue recibido por una multitud que celebraba su liberación. Entre la gente, su esposa logró abrirse paso hasta abrazarlo y besarlo. Durante años, luchó día y noche para que se respetara la justicia. Él le correspondió con conmoción, para después hablar enfrente de los medios que comunicación que también lo esperaban.
Sus primeras palabras fueron en agradecimiento a las autoridades que llevaron su caso, como Erika Castillo, de Asuntos Indígenas, y Héctor Macedo, presidente del Tribunal Superior de Justicia del Edomex.
También reconoció la labor del colectivo, de los abogados y sus familiares, que lo apoyaron y esperaron todo este tiempo. Recordó, entre lágrimas, a su hija, quien falleció mientras él se encontraba preso.
Cuando le preguntaron sobre su estadía, aseguró que no siente rencor. Se enfocó en lo bueno que aprendió ahí dentro y de las oportunidades que tuvo, como terminar su educación primaria.

Sentenciado injustamente
En 2013, Tomás Gabriel atendía su tienda de abarrotes para solventar a su familia, en la comunidad de Entabi, en Temoaya. Después de terminar su trabajo diario, se encontró con su sobrino, quien le pidió subirse a su camioneta.
Tomás Gabriel confió y llevó al joven con él. El evento que cambiaría su vida ocurrió cuando, al ver a un grupo de jóvenes, el sobrino disparó desde el vehículo hacia uno de ellos.
El hombre sabía que tenía que declarar, ya que no tuvo nada que ver con el hecho. Al hacerlo, le fabricaron su orden de aprehensión y lo sentenciaron a 44 años en Almoloya de Juárez. Ahí, lo mantuvieron encerrado, hasta ahora.
Mientras que su sobrino, menor de edad, pasó su sentencia en la Quinta del Bosque. Él deslindó a su tío de toda responsabilidad, sin embargo, las autoridades decidieron mantener preso a Tomás.

La lucha desde afuera
Carmela Flores confiaba plenamente que su esposo no había participado en el homicidio. Después de 33 años de casados, ella sabía que era un buen hombre, por lo que luchó por justicia. Junto a su hija, Liliana Gabriel Flores, se movilizó para sacarlo de la cárcel.
Mientras luchaba por la libertad de su padre, Liliana estudió Derecho en la Universidad Autónoma del Estado de México para poder ayudarlo en su caso.
Pero, en 2021, Carmela y Tomás enfrentaron la muerte de su única hija a causa de leucemia. Tras la pérdida, ella continuó con su labor y él mantuvo la fe en que se haría justicia.
Ya en libertad, Tomás anunció con voz entrecortada que visitaría a Liliana en el panteón y agradeció la lucha que emprendió para verlo fuera de la cárcel.

El acompañamiento del colectivo Haz Valer Mi Libertad
Carmela Flores es una de las voceras del colectivo Haz Valer Mi Libertad, el cual la acompañó en su lucha de 13 años.
Por ello, Tomás Gabriel anunció que acompañará al colectivo en el plantón frente a la Fiscalía del Edomex, que permanecerá hasta que las autoridades atiendan los casos faltantes.
También hizo un llamado para revisar otros expedientes de los presos injustamente, como los hermanos indígenas Santiago Lorenzana, de Oaxaca, que ya tienen una solicitud de amnistía.
El caso de Tomás Gabriel pone en evidencia las fallas en el sistema judicial para las personas indígenas, quienes sufren de discriminación e injusticias por parte de las instituciones.


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