De acuerdo con fuentes oficiales, fue condenado por secuestrar a su prima, mantener relaciones forzadas con ella, para después asesinarla y tirar su cadáver a un canal en el sur de Texas.
El mismo Cárdenas confesó ante las autoridades que él no planeó hacer eso, pero estaba drogado con cocaína, aunque posteriormente contradijera su declaración y afirmara su inocencia.
Desde el 18 de agosto pasado, cuando se le dictó la fecha de su ejecución, sus abogados solicitaron la práctica de una prueba de ADN para probar que no asesinó, ni violó a su prima, pero no se le concedió, mencionaron.
Ramírez Cárdenas, de 47 años, originario de Irapuato, Guanajuato, sería el octavo mexicano en ser ejecutado en Estados Unidos.


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