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El  Miguelazo

Como todos los años llegó el día del niño y de la niña también, les adelanto lo que como todos los años vamos a ver: desde el presidente de la república para abajo, veremos a todos los políticos tomándose fotografías besando y abrazando niños y niñas, entre más pobres sucios y moquientos mejor, les van a regalar pelotas de diez pesos, barbies chinas piratas, un chocolate y un lonche para irlos acostumbrando al delicioso sabor electoral en el que recibirán su despensa y lonche sexenal ya de mayorcitos.

El resto de los días del año no tenemos ni políticas públicas claras y contundentes para la protección de la niñez por parte de padres (y madres) violentos, ni legislación que los proteja de contenidos subestandard en la televisión abierta que consumen con singular alegría, ni políticas sobre nutrición más que los gritos y sombrerazos para que coman gansitos chiquitos y refresquitos miniatura (que ahora en vez de comer y beber uno, comen dos o tres) y de la protección a la niñez del flagelo de la pederastia, tráfico de personas, explotación infantil tanto sexual como laboral, que han convertido a nuestro país en paraíso de pederastas e infierno de niños, niñas y familias enteras.

Que no es suficiente con señoras muy cucas y perfumadas, que en rimbombantes ceremonias se va a llenar la trompa en mal escritos discursos que a veces ni entienden: son el futuro del mundo, merecen amor, todo nuestro apoyo; que les van a regalar basuras pagadas con nuestros impuestos a precios de barbie de colección y entregadas las corrientes de a peso, pero con distribuidoras comercializadoras de socios parientes y cuates, que ellos si celebran en grande con sus júniors que heredarán la tierra, los puestos y los presupuestos.

Que el día del niño todo son globos, dulces, piñatas y fotos para comunicación social, pura carne de discurso, pura pose electorera, una visión pobre sobre la niñez que tiene el gobierno en todos sus ámbitos, su limitado papel de rey mago anual, de dador de sobras presupuestales, de cómplice por inacción de trata y prostitución, todos sabemos donde prostituyen niños y niñas, todos sabemos quienes son los clientes, todos sabemos quienes los protegen, pero para esos chiquitos y chiquitas, ya no hablemos de seguridad y justicia, a ellos ni un globo populista les va a tocar, pero chido el concurso de cantar la pendejada de yo soy mexiquense, esa política pública si es merecedora del tiempo, recursos y atención del gobernador, secretarios y demás burócratas.