Uno de los grandes triunfos del sistema neoliberal, si no es que el más importante, fue el de unificar la forma de pensar y la perspectiva de la población, en particular las de los jóvenes.
Ya ha habido varias generaciones para las que fenómenos como la pobreza, la estulticia, el deterioro ambiental, la drogadicción, la criminalidad parecen consustanciales al ser humano.
Sin embargo, por ahí de los años 60s que algunos sólo recuerdan por la música, se dio entre los jóvenes una toma de conciencia casi mundial acerca de la perversidad de los sistemas políticos existentes.
Los movimientos libertarios fueron de tal magnitud, que algunos llegamos a pensar que no había otro mundo posible más que el de la solidaridad y el bienestar material y espiritual para todos los habitantes del planeta.
Incluso hubo entre los políticos quienes se significaron por su lucha por los derechos, la equidad y la justicia. Paradigmas de ello fueron Mandela, Luther King, el mismo Castro en sus principios, Allende, Palme. Algunos de ellos asesinados.
Sin embargo los grandes intereses y la pobreza humana definieron otro rumbo.
Las corporaciones norteamericanas y el vaticano, entre otros, conspiraron para instaurar el neoliberalismo y desterrar la idea de un sistema socialista.
Contaron para ello con la complicidad del llamado socialismo real y de los grandes grupos conservadores y retrogradas en todo el mundo.
Así, ahora se tiene sociedades manipuladas, atadas a los mecanismos de mercado, que viven aturdidas y sojuzgadas.
Donde además no se advierte el surgimiento de nuevos políticos que propongan recuperar el sentido humano de la vida.
Al contrario, sólo pequeños hombres y mujeres al servicio de los grandes intereses, que pasean reiterada e impunemente su mediocridad, por los medios de comunicación.


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