Es casi imposible, al analizar el panorama político europeo, no coincidir con analistas que le adjudican la pérdida del espíritu comunitario, algo perjudicial para el futuro cercano y lejano de una Unión enfrentada, además, al vertiginoso desarrollo de nacionalismos.
Donde apenas unos años atrás predominaba el pensamiento socialdemócrata, hoy domina una crisis de la ideología y la cultura política en toda la dimensión de su concepto, con base en la pérdida de credibilidad de los partidos tradicionales.


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